El objeto 2026 ED138 podría convertirse en uno de los mayores cuerpos conocidos en los confines del sistema solar. Los científicos reconstruyeron su trayectoria durante más de una década

Redacción
Hay objetos que no necesitan estar ocultos para pasar inadvertidos. Basta con que el lugar donde se encuentran esté tan lleno de luces que nadie consiga distinguirlos. Es lo que ha sucedido con 2026 ED138, un cuerpo helado situado más allá de Plutón que acaba de convertirse en candidato a planeta enano. El observatorio Vera C. Rubin, en Chile, ha permitido reconocerlo en una región del cielo tan poblada de estrellas que su presencia había pasado desapercibida durante años.
El hallazgo, anunciado por el Minor Planet Center de la Unión Astronómica Internacional, ha llamado la atención por el tamaño que podría tener el objeto. Los primeros cálculos sitúan su diámetro entre 600 y 1.500 kilómetros. Si las observaciones posteriores confirman que es lo bastante grande para que su propia gravedad le haya dado una forma aproximadamente redonda, podría incorporarse a la reducida familia de planetas enanos reconocidos oficialmente, que incluye a Plutón, Ceres, Eris, Haumea y Makemake.
Por ahora, sin embargo, ED138 es un candidato, no un nuevo planeta enano confirmado. La amplitud de la estimación de su tamaño refleja una dificultad habitual en astronomía: el brillo no permite conocer directamente las dimensiones de un cuerpo. Un objeto relativamente pequeño y reflectante puede parecer tan luminoso como otro mucho mayor y oscuro. Para precisar sus características serán necesarias nuevas observaciones, incluidas mediciones en longitudes de onda infrarrojas que ayuden a determinar su tamaño real.

El descubrimiento comenzó el 13 de octubre, cuando el astrofísico Matthew Holman, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, procesaba datos que Rubin había recogido durante los meses anteriores. Utilizó un programa desarrollado junto con su colega Kevin Napier, diseñado para comparar miles de millones de detecciones y encontrar aquellas que corresponden al mismo objeto en diferentes imágenes.
La combinación de su brillo y su distancia despertó las sospechas de Holman. “Mi primera reacción fue una mezcla de incredulidad y entusiasmo – explicó el propio Holman -. Los objetos como este son muy poco frecuentes, así que enseguida empecé a comprobar si yo había cometido algún error o si fue el código”.
El equipo de Holam buscó entonces más observaciones. Mario Jurić, responsable científico del programa del sistema solar de Rubin, localizó otras imágenes del objeto en los catálogos y archivos del observatorio. En total, Rubin lo había registrado 30 veces durante 20 noches, entre el 4 de marzo y el 11 de julio de 2026. A estas observaciones se sumaron imágenes de archivo de la cámara Dark Energy Camera, instalada en el telescopio Victor M. Blanco, que permitieron rastrear su trayectoria hasta 2016. Así fue posible reconstruir más de diez años de movimiento.
ED138 se encuentra actualmente a unas 46 unidades astronómicas del Sol. Una unidad astronómica equivale a la distancia media entre la Tierra y nuestra estrella, de modo que el objeto está unas 46 veces más lejos del Sol que nosotros. Plutón, por comparación, se encuentra a una distancia media de unas 40 unidades astronómicas. Ambos pertenecen a la región transneptuniana, poblada por cuerpos helados que conservan pistas sobre los primeros tiempos del sistema solar.

La órbita de ED138 está inclinada unos 24 grados respecto al plano en el que se mueven la mayoría de los planetas. Los científicos consideran que las interacciones gravitatorias con Neptuno pudieron perturbar su trayectoria original. Analizar estas órbitas ayuda a reconstruir cómo se desplazaron los planetas gigantes durante la formación del sistema solar y cómo fueron dispersando pequeños cuerpos hacia sus regiones exteriores.
Pero la historia también demuestra el potencial del observatorio Rubin. El objeto se encontraba cerca del plano de la Vía Láctea, una zona del cielo abarrotada de estrellas que dificulta la identificación de cuerpos tenues y en movimiento. La capacidad de observar repetidamente grandes regiones del firmamento y relacionar automáticamente las detecciones permite descubrir objetos que habían quedado ocultos entre las fuentes de luz de fondo.

El hallazgo llega cuando Rubin comienza su gran cartografiado del cielo austral, previsto para desarrollarse durante diez años. En abril, antes del inicio formal de ese programa, el equipo ya había remitido al Minor Planet Center observaciones de más de 11.000 asteroides nuevos, entre ellos unos 380 objetos transneptunianos.ED138 podría ser uno de los primeros indicios de lo que está por venir. No solo porque quizá se incorpore a la familia de los planetas enanos, sino porque muestra que aún existen cuerpos de gran tamaño esperando a ser reconocidos en las regiones más lejanas de nuestro vecindario cósmico. A veces, el descubrimiento no consiste en encontrar algo nuevo, sino en aprender a distinguir lo que siempre estuvo allí.
Fuente: La Razón