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    Becarios de pastores en la Sierra de Cádiz: “En el campo hay menos estrés”

    Un programa de formación para jóvenes que quieran dar el relevo generacional a granjeros rurales

    Redacción

    María Sierra Burgos ya sabe asistir a una cabra en un aborto. “Lo pasé regular porque empaticé con ella”, reconoce la rondeña de 29 años. “Ni caso, lo hizo estupendamente”, le replica a su vera su mentor, el pastor José Miguel Sánchez. La última lección, llegada de forma espontánea no hace ni un día, se suma a una larga ristra de saberes aprendidos en apenas seis meses.

    “También sé arreglar alambrados, injertar un árbol o trenzar cuerdas”, explica la joven, maestra de Infantil de formación. Por eso Sierras se rebela cuando su familia o amistades le preguntan, cargados de condescendencia, qué hace de aprendiz en el campo teniendo estudios: “Estoy harta. Siempre contesto que no es sinónimo de no saber. Aquí hay menos estrés y la gente es más friendly”.

    Sierra es uno de las tres alumnos que forman parte del singular proyecto de formación que ha puesto en marcha una asociación de la Sierra de Cádiz, Serranías Vivas para instruir a jóvenes con pastores rurales veteranos como mentores. “La idea era buscar soluciones al problema del relevo generacional en el campo y pensamos traer a personas a aprender de forma remunerada”, resume la veterinaria y socia fundadora de la entidad, Nuria López-Cepero.

    La respuesta fue el nacimiento de Pastoreo Vivo, un programa financiado por la Fundación Unicaja en el que la asociación ha puesto por ahora en contacto a dos chicos y a María Sierras con otros tres granjeros que ven llegar el final de su vida laboral sin que nadie quiera continuar con su oficio.

    Es justo en la encrucijada en la que se encuentra Sánchez, a sus 62 años y con más de 20 años de experiencia al frente de una pequeña explotación ganadera en la ribera del Gaidovar, un valle paradisíaco entre Grazalema y Zahara de la Sierra. Sus 260 cabras murcianas y sus 60 vacas se quedarán sin pastor más pronto que tarde: “Cuando pueda, me retiro”, afirma, “mis hijos están fuera, no seguirán con esto, y quiero descansar”.

    Así que cuando en Serranías Vivas le ofrecieron convertirse en mentor de un aprendiz para legar todo ese saber atesorado, no lo dudó. “Me apunté y no esperaba que fuese una mujer. No puedo estar más contento con María. Es trabajadora y le encanta aprender. Las mujeres son más constantes y curiosas”, valora el ganadero.

    Sierra le mira y sonríe: “Lo que más valoro es el vínculo que he creado con Jose Miguel”. La joven, original de la cercana Ronda, llegó al programa de Pastoreo Vivo por casualidad, después de que un amigo viese un cartel. El momento vital fue providencial.

    Harta de buscar trabajo en lo suyo y atraída por la vida en el campo, la joven ya llevaba tiempo rondando la idea de dedicarse a la ganadería. “Mi novio y yo estamos empezando con unos cochinos, pero no sabía tanto del campo. Mi sueño es tener una finca buena, pero hay que empezar por abajo”, valora la aprendiz, que comenzó el pasado mes de junio con una formación que terminará el mes de marzo de 2027.

    Mi sueño es tener una finca buena, pero hay que empezar por abajo

    MARÍA SIERRA

    En estos meses, Sierra ha confirmado algo que ya barruntaba de su vida en Ronda: “En el campo se vive mejor, la gente te ayuda de corazón”. A López-Cepero no le extraña la sensación que experimenta la joven. Aunque está muy lejos de ser un fenómeno masivo, la veterinaria cada vez localiza más casos de personas oriundas de pueblos que se marcharon a la ciudad y que ahora comienzan a regresar: “Quizás la prosperidad prometida en las ciudades no era tanta.

    Sánchez saca a pastar y ordeña a su rebaño diariamente, acompañado de sus tres inseparables perros. Desde hace tres meses, Sierra le acompaña en la tarea y aprende de su día a día, desde asistir a ese aborto fortuito a trenzar una cuerda para apañar cualquier cercado roto. “Las cabras no son tan malas como la fama que se les da”, bromea la joven.

    Fuente: ELPAIS.COM