El país carioca gestiona la mayor red estatal de bancos lácteos de madres, con 230 centros de distribución. En 1990 y 2015 logró reducir la mortalidad infantil en un 73%
Redacción
Mientras en otros países está surgiendo un mercado, el gigante sudamericano gestiona la mayor red estatal de bancos de este alimento, con 230 centros de distribución
Una niebla fría se eleva cuando Danielle Aparecida da Silva abre la puerta del congelador. Su mano, cubierta con guantes de plástico, toma un pequeño frasco con tapa de rosca. Dentro hay un líquido amarillento y blanco, congelado. Es leche materna.
“Llegó ayer de una donante”, dice da Silva detrás de su mascarilla de protección. Comprueba el número de la tapa y verifica los datos. Después vuelve a colocar el frasco en su sitio. Con cuidado, como si se tratara de un tesoro valioso. Y, en cierto modo, lo es.
Da Silva, de 52 años, dirige el banco de leche materna más antiguo de Brasil. Se encuentra en el Instituto Fernandes Figueira de Río de Janeiro, un hospital público especializado en la salud de mujeres y niños donde en 1943 se fundó el primer banco de leche del país. Al otro lado de la calle se encuentra la playa de Botafogo y, detrás, el famoso peñasco Pan de Azúcar, ambos célebres reclamos turísticos de esta ciudad. Pero detrás de las puertas del instituto no se presta atención a ninguna idílica imagen de postal. De lo que se habla aquí es de mililitros, contenido de grasa y, en definitiva, de la salud de un país.
Brasil cuenta hoy con una de las mayores redes de bancos de leche materna del mundo. Cada año, alrededor de 240.000 bebés reciben este alimento proveniente de 230 centros que lo recolectan, analizan y distribuyen. La red forma parte del Sistema Único de Salud (SUS) y está científicamente avalada por el instituto público de investigación Fiocruz. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a Brasil desde hace años un modelo de referencia que muchos países han copiado.
“Un niño amamantado es un niño más sano y se convertirá en un adulto más sano”, explica da Silva mientras camina por una sala que parece un laboratorio químico. Empleados con batas blancas se mueven de un lado a otro mientras una mujer introduce un termómetro en un recipiente lleno de agua. El principio es sencillo: las mujeres donan la leche que les sobra, los hospitales la procesan bajo las condiciones higiénicas más estrictas y la entregan a quienes la necesitan, sobre todo bebés prematuros y recién nacidos enfermos.
BANCOS DE LECHE
Cuatro meses antes de la Cumbre del Clima de la ONU de 2025 (COP30), durante un foro internacional preparatorio celebrado en Belém, se aprobó la Carta de Belém, un documento sobre bancos de leche humana y cambio climático que destaca a estos como una infraestructura importante en tiempos de crisis. Porque después de inundaciones o sequías a menudo falta agua limpia; en esas condiciones, la leche donada pasteurizada puede proteger a los bebés de infecciones potencialmente mortales.
Si se atiende a las cifras, el modelo brasileño funciona. Entre 1990 y 2015, Brasil logró reducir la mortalidad de menores de cinco años en un 73%, según datos de Unicef. Organismos internacionales atribuyen este avance a una combinación de políticas de salud y protección social; entre ellas, las iniciativas de promoción de la lactancia materna y la expansión de la red de bancos de leche, algo que destacó en su momento el Ministerio de Salud brasileño.
Un niño amamantado es un niño más sano y se convertirá en un adulto más sano
DA SILVA
Mientras Brasil entiende la leche materna como un bien público, en el resto del mundo está surgiendo un nuevo mercado. Las estimaciones del mercado varían considerablemente según la fuente. Algunos informes sitúan el sector de los bancos de leche humana en torno a 400 a 900 millones de dólares (de 340 a 770 millones de euros aproximadamente), dependiendo de qué segmentos se incluyan en cada cálculo, con previsiones de crecimiento sostenido durante la próxima década. Sin embargo, no existen informes ni estimaciones de organismos públicos o de organizaciones de la ONU.
En Estados Unidos, algunas empresas han desarrollado un modelo de negocio, describe la doctora Heather Rusi, investigadora de la Universidad de Calgary. “La industria comercializada de la leche materna comenzó aproximadamente en 1999 con la empresa Prolacta Bioscience”, dice la experta, que escribió su tesis doctoral sobre la comercialización de este producto. “Desde entonces, las empresas han ampliado sus actividades a nivel mundial”.
Fuente: elpais.com

