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    Laetitia Ky usa su cabello para reivindicar la identidad precolonial de África

    Redacción

    La escultora y activista de Abiyán (Costa de Marfil) pasó de no saber cómo lidiar con su pelo a convertirlo en el hilo conductor de su trabajo, con el que reflexiona sobre el racismo y el colonialismo y que siguen millones de personas a través de redes sociales

    La primera vez que Laetitia Ky (30 años, Abiyán, Costa de Marfil) se aplicó alisador en el cabello tenía 5 años. Su madre le enseñó a hacerlo desde muy pequeña, cada tres semanas antes de que sus raíces naturales empezaran a brotar. Así lo hizo durante años, porque era una práctica muy común entre las mujeres de su país. Pero, a los 16, tuvo un accidente: el producto le quemó la parte frontal de la cabeza y tuvo que cortarse todo el pelo.

    Ky considera este acontecimiento el origen de su despertar creativo. “Cuando mi cabello natural empezó a crecer no sabía como contenerlo ni cuidarlo. Fue como una crisis existencial no saber lidiar con el”, recuerda la artista que hoy es conocida por su fotografía, pintura, escultura, performance y actuación. Fue en una de sus búsquedas en internet cuando dio con mujeres negras que usaban el pelo natural.

    Desde ese momento Ky empezó a cuestionarse todo: “Descubrir esta comunidad (extendida sobre todo en Estados Unidos) fue como caer en un agujero infinito. No sabía que alguien con cabello como el mío podía ser feliz”, asegura en una videollamada. Ky recuerda que desde entonces no hubo marcha atrás, solo quería aprenderlo todo sobre negritud, historia, discriminación y colonialismo.

    El cabello fue, desde entonces, el hilo conductor de su trabajo que publica en redes sociales y que le ha abierto una gran audiencia: casi seis millones de seguidores en Tik Tok y otro medio millón en Instagram. Sus fotografías empezaron a llamar la atención en Costa de Marfil, pero fue cuando recreó una serie de retratos de lo que se suponía que había sido el cabello pre colonial en África Occidental, cuando saltó a la escena internacional. “Eran peinados impresionantes, provocativos, grandes y llamativos, y me ayudaron a hacerme una idea de cómo era el mundo antes de que Costa de Marfil se convirtiera en una colonia francesa”.

    SUPERPODER

    Entonces comenzó a peinarse diferente, a hacerse moños geométricos que después se convirtieron en esculturas mucho más elaboradas: “El pelo cumplía una función muy importante en las sociedades precoloniales. Usaban los peinados para representar su religión, edad, clase social, identidad étnica, estado civil y riqueza. Era un superpoder, y yo lo quería reclamar”.

    Hace casi 10 años que Ky empezó a monetizar su trabajo tras cautivar al mundo de la moda y comenzar a recibir ofertas de agencias, fotógrafos y galerías. Hace cinco que se convirtió en expositora en distintos lugares del mundo, no solo de fotografía, sino de pintura. Además, escribe y actúa, y ahora vive en Nueva York.

    Laetitia Ky

    A Ky le resulta inevitable transmitir lo que siente en sus piezas. Cuando estaba en Costa de Marfil por ejemplo, todo lo que pintaba era una respuesta inmediata a comportamientos machistas que observaba. “Recuerdo que sentía una urgencia inhumana de pintar. Era insoportable si no sacaba las ideas de mi organismo”, cuenta emocionada en la videollamada.

    El pelo cumplía una función muy importante en las sociedades precoloniales

    LAETITIA KY

    A lo largo de su carrera, muchas personas la han contactado para agradecerle por tratar de redefinir la negritud, el cabello, la esclavitud y el racismo. Otras más para amenazarla de muerte y tratar de diagnosticarle problemas mentales y experiencias traumáticas. “Leía mensajes que me acusaban de ser un demonio y de estar desquiciada”.

    Compartir su arte le colgó una etiqueta de activista, que por momentos desearía quitarse de encima. “A veces quiero que me vean como una artista y nada más. También porque, como alguien que intenta vivir de su trabajo, quiere evitar que la encasillen”. Ky cree que entró a las redes demasiado joven, y que no estaba preparada para afrontar todo lo que vino tras exponerse al mundo real, especialmente, dice, porque su herramienta de trabajo es su cuerpo. “Tenía 20 años, trataba de encontrar mi lugar en el mundo a través del arte, y en internet ya me identificaban como alguien con una opinión política importante”.

    Fuente: elpais.com