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    Hallan 1.260 genes que explican los rasgos de personalidad

    El estudio, publicado en la revista ‘Nature’, ha reunido a más de un millón de participantes y aporta relevantes claves genéticas

    Redacción

    La forma de ser de una persona no depende únicamente de sus experiencias, su educación o el entorno en el que crece. La genética también desempeña un papel, aunque de una manera mucho más compleja de lo que podría sugerir la idea de que existe un “gen de la personalidad”. Un nuevo estudio liderado por la Universidad Estatal de Michigan (Estados Unidos) ha identificado 1.260 variantes genéticas asociadas a cinco grandes rasgos de personalidad.

    El trabajo, publicado en la revista ‘Nature’, señala que algunas de estas variantes pueden influir en determinados patrones de comportamiento, pero sus efectos individuales son muy pequeños. Por ello, los investigadores advierten de que el ADN no permite predecir directamente cómo será la personalidad de una persona. La forma de ser surge de la combinación de múltiples factores genéticos y ambientales.

    Los investigadores se centraron en los conocidos como ‘cinco grandes’ rasgos de personalidad, un modelo utilizado para describir las principales diferencias relativamente estables entre las personas: neuroticismo, extraversión, amabilidad, responsabilidad y apertura a la experiencia. Cada uno de ellos engloba diferentes características relacionadas con la manera en la que pensamos, sentimos y nos comportamos.

    La extraversión está relacionada con la sociabilidad, la asertividad y el nivel de energía; la amabilidad, con características como la compasión, el respeto y la confianza; y la responsabilidad, con la organización, la productividad y la capacidad para cumplir objetivos. El neuroticismo engloba rasgos como la ansiedad, la depresión o la volatilidad emocional, mientras que la apertura a la experiencia está vinculada con la imaginación, la curiosidad y la sensibilidad estética.

    Para llegar a sus conclusiones, el equipo realizó un metaanálisis de estudios de asociación del genoma completo (GWAS) procedentes de 46 cohortes de diferentes partes del mundo. En total, estos trabajos reunieron hasta 1,1 millones de participantes, dependiendo del rasgo analizado. La comparación permitió detectar 1.260 variantes genéticas relacionadas con los cinco grandes rasgos, 824 de ellas no asociadas anteriormente con la personalidad.

    Los investigadores también observaron que algunas de estas asociaciones aparecían en personas muy diferentes y en contextos distintos. Por ejemplo, las variantes relacionadas con la extraversión identificadas en adultos jóvenes de Países Bajos también permitían predecir este rasgo en personas jubiladas de Estados Unidos. Además, determinadas variantes vinculadas con la responsabilidad se asociaron con una mayor actividad durante el día, mientras que las relacionadas con la apertura a la experiencia y la extraversión se vincularon con una mayor tendencia a ser noctámbulo.

    Pero el hallazgo más importante es que los genes no actúan de manera aislada del entorno. Los investigadores encontraron indicios de una relación de ida y vuelta entre ambos factores: nuestras características genéticas pueden influir en las experiencias y ambientes que buscamos, mientras que esos mismos ambientes pueden reforzar o modificar determinados rasgos de personalidad.

    Un ejemplo aparece en las variantes relacionadas con la apertura a la experiencia. Según el estudio, estas pueden estar asociadas con una mayor probabilidad de que una persona se mude a barrios más cosmopolitas. A su vez, vivir en un entorno de esas características podría contribuir a reforzar y moldear ese mismo rasgo. Es decir, la genética puede influir en nuestras elecciones, pero nuestras elecciones y experiencias también forman parte del proceso que da forma a nuestra personalidad.

    Fuente: 20 minutos