El diseñador tinerfeño Juan Labory se considera un “activista de la moda sostenible”
Redacción
Con un metro colgado al cuello y las manos guiando los últimos retales bajo la aguja de una máquina de coser, Juan Labory trabaja rodeado de telas que hace tiempo dejaron de ser simples residuos. A su alrededor, cinco maniquíes exhiben las prendas de su nueva colección en un espacio que es tienda y taller al mismo tiempo. En pleno corazón de la calle San Agustín en La Laguna, el diseñador tinerfeño da forma a un proyecto que convierte los desechos dejados por los turistas en moda y que, en muchos casos, vuelven a ser adquiridos por esos mismos visitantes cerrando el ciclo.
Su nueva campaña, ‘Desde Tenerife con Más Resiliencia’, busca denunciar el turismo de masas y el impacto de industrias como la moda, que según la ONU es el segundo sector más contaminante después de la petrolera. “El mundo del arte es muy limitado, sobre todo en unas islas como las nuestras”, denuncia Labory, “por eso, hago una moda para toda aquella gente que elige desarrollar su vida aquí y con el objetivo de hacer de Tenerife un sitio de vanguardia”. “Además, intento hacer activismo y crítica social sobre la situación turística en Canarias, y es gracioso, porque doy una segunda vida a las toallas que los turistas dejan de lado y se las vuelvo a vender”, continúa con una sonrisa el diseñador.
Para transformar la materia prima, desechos para algunos, en sudaderas, faldas o pantalones, el propio Labory −nombre también de la marca− se sirve del upcyclingcomo técnica central para dar forma a sus ideas. Ahora bien, este metodo se diferencia del común reciclaje −o recycling−, ya que este último descompone los residuos en sus formas primarias mediante procesos industriales. En este caso, el diseñador modifica directamente las prendas u objetos existentes para darles un mayor valor estético y funcional, sin llegar a descomponer ningún material.

“Cojo lo que la gente no quiere y, en vez de tirarlas a la basura, les doy un nuevo uso desde cero, sin transformar ni customizar. Con esos materiales recorto y hago nuevas telas con patrones hechos por mí”, explica el lagunero. Las toallas que abandonan los ‘guiris’ son su insumo favorito. Él mismo acude a entidades de recogidas de ropa, como Ataretaco, de la que también es su director creativo, o a los propios hoteles en busca de recursos a los que dar un cambio de aires. “Es algo super novedoso, es la primera vez que se hace algo así en Tenerife”, sostiene con orgullo.
De Tenerife a Berlín
Esa peculiar y distinta forma de trabajo la aprendió en Berlín, en donde estudió moda tras abandonar, en búsqueda de su sueño, la que siempre fue su casa en las Islas Canarias. Aunque desde pequeño siempre le ha “gustado la ropa de segunda mano, sostenible y vintage“, fue tanta su fascinación por la capital alemana que fue allí donde terminó de definir su sello de autor, movido por ese efervescente ambiente y valores creativos. “Son tantas las culturas que convergen en una misma ciudad”, ilustra, “que se crea un comunidad muy especial de artistas”.
Después de su paso por el país germano, regresó a España, pero esta vez a otra capital, Madrid. “Estuve trabajando de estilista, haciendo editoriales de moda, trabajando en publicidad… hasta que me cansé un poco de la precariedad. Tras cuatro años, como siempre había querido lanzar mi proyecto de moda, decidí volver a casa y hacer lo que siempre tuve claro, y por qué no, en La Laguna”, rememora.
“Al principio”, admite, “yo tenía la idea de hacer una tienda-taller para que los clientes puedan verme trabajar las propias prendas que luego iba a vender”. Finalmente, su más ansiado anhelo se hizo realidad. Un sueño que ya es un hecho desde hace más de tres años.

“La gente se queda shocked −sorprendida− cuando ve el tipo de ropa que elaboro, porque no están acostumbrados a este tipo de diseños. Intento, incluso, hacer una labor pedagógica y enseñar el motivo de promover la moda sostenible y luchar contra la contaminación que genera el fenómeno del fast fashion y el ultra fast fashion“, declara.
Mezcla entre moda, arte y activismo
En el futuro, Labory quiere seguir ampliando el alcance de su proyecto sin perder la esencia que lo define desde sus inicios en el municipio lagunero: la “mezcla entre moda, arte y activismo social”. Su meta, por tanto, no pasa únicamente por crecer como marca en términos comerciales, sino también por consolidar una forma de entender la creación textil como herramienta de concienciación.
El diseñador aspira a llevar su trabajo más allá del espacio de su tienda y entrar en entornos educativos y culturales donde pueda generar un impacto directo en las nuevas generaciones. “Me imagino fomentando una labor didáctica, influyendo más en la gente, concienciando más a la gente…”, apuntaba antes de volver a coser un par de retales, aunque también abría la puerta a “desarrollar talleres en colegios y a trasladar su propuesta a museos”, alejándose del circuito convencional de la moda.

Por todo ello, resume el propio Juan Labory, “hay que ser consciente de lo que compramos, cómo lo hacemos y dónde lo hacemos, y eso va implícito en lo que yo hago: soy activista de la moda sostenible”. Esa frase consensa en pocas palabras la filosofía de su trabajo. Su moda no solo reutiliza materiales, también reutiliza discursos, los transforma, los resignifica y los devuelve al espacio público en forma de prendas para convertir los residuos en diseño y el diseño en mensaje.
Fuente: El Día