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    Soldadoras, electricistas y fontaneras: las senegalesas derriban barreras de género

    En el país africano, donde el desempleo juvenil es una herida abierta, el dominio de un oficio técnico se erige como escudo contra la precariedad

    Redacción

    En Dakar, el Gobierno organizó Teranga Skills, un certamen nacional inédito concebido para dignificar la formación profesional. Esta iniciativa, pionera en África occidental y cofinanciada por la Unión Europea, movilizó a más de 3.500 concursantes de las 14 regiones de Senegal para competir en 21 oficios diferentes.

    De los 70 jóvenes que llegaron a la final el pasado 20 de junio en Dakar, 28 eran mujeres: el 40%. Se abrieron paso en sectores históricamente monopolizados por los hombres: electricidad, soldadura, fontanería o montaje de estructuras metálicas. Todas ellas manejan el soplete, los cables y la amoladora con una determinación que no admite réplica.

    En Senegal, la tasa de desempleo de las personas que tienen entre 15 y 34 años es del 28,4%, según los datos más recientes de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía de Senegal (ANSD). “En cuanto al género, las mujeres se ven más afectadas por el desempleo, independientemente del grupo de edad”, alertaba la institución.

    Roger Bangar, formador en el liceo técnico de Kédougou y mentor de una de las participantes, asegura que los oficios pueden ser un salvavidas para esta generación de chicas y chicos. “Un técnico no se queda en el paro. No hay vacaciones para el técnico si tienes competencias”, afirma. Ramatoulaye Wade, de 26 años, entendió esta lección desde el principio. “La formación profesional te permite no depender del Estado”, afirma con orgullo la joven que aparece en esta foto.

    Wade financió sus estudios encadenando trabajos en obras y hoy ha fundado su propia empresa, Queen Elec. “Me gusta trabajar hasta sudar, no sentarme en una oficina”, explica la joven que tuvo problemas con su familia por perseguir su vocación. Para estas jóvenes, enfundarse el mono de trabajo en una obra o en un taller de soldadura obedece a una vocación profunda, nacida a menudo a contracorriente de su propio entorno.

    Derribar muros exige una mentalidad de acero. Assy Sangaré, de 27 años y medalla de plata en soldadura industrial, tuvo que enfrentarse a los temores de su propio padre, también soldador de profesión. “Me dijo que no fuera soldadora porque es muy peligroso y muy duro. Yo le respondí que me iba a lanzar, que no hay trabajos de chicos o chicas”, afirma.

    Kadidia Diallo, de 21 años, durante la prueba final de estructura metálica. Fue la única mujer seleccionada en su región natal, Kédougou, donde compitió con 54 hombres y consiguió el primer puesto. “Soldar me encanta. La luz que se produce es como un fuego artificial”, relata la joven.

    JIGEEN SKILLS

    Este fervor trasciende la mera competición. Para amplificar esta dinámica, la organización desplegó el espacio paralelo ‘Jigeen Skills’ (‘Las habilidades de las mujeres’, en wolof). Allí, jóvenes candidatas que participaron en las fases regionales, pero que no se clasificaron para la final, hicieron demostraciones prácticas de sus habilidades.

    Fatoumata Sylla, responsable de género e inclusión para la iniciativa Fit Senegal, asegura que este escaparate es “vital” para “mostrar a las empresas” el talento femenino que hay en esos campos. También buscan animar a los padres a que “dejen a sus hijas seguir estas carreras”. En la imagen, un grupo de jóvenes demuestra su dominio en oficios relacionados con el sector eléctrico.

    El hecho de que me dijeran que no iba a lograrlo me motivó

    ASSANE BARY

    Los miembros del jurado evalúan las piezas fabricadas por los participantes en la categoría de estructura metálica. La calidad exigida en esta competición busca elevar el nivel de los técnicos senegaleses para hacerlos más competitivos en el mercado laboral.

    Fanta Seydi, de 23 años, coronada con la medalla de oro en soldadura industrial, encarna el éxito de este camino laboral. Empleada a tiempo completo en la Compañía Azucarera Senegalesa, predica con el ejemplo en su propio hogar: “Mis dos hermanos pequeños están haciendo la formación ahora. Empezaron a ver que yo ganaba dinero. Es un oficio de futuro”.

    Assane Bary, fontanera de 31 años, prepara unos tubos durante la competencia. “Mis vecinos decían que no llegaría muy lejos. El hecho de que me dijeran que no iba a lograrlo me motivó”. Lejos de amedrentarse por la doble jornada que enfrentan muchas mujeres, reflexiona: “Las mujeres trabajan más que los hombres, aunque no se les pague. Gestionar la casa, hacerse cargo de los niños, es muy duro”.

    Bary ganó la medalla de plata y se subió al podio de la categoría de fontanería. De las cinco finalistas que protagonizan este relato, tres conquistaron el podio nacional: oro y plata en soldadura industrial, y plata en fontanería. Ya sea subiendo al cajón de los vencedores o transmitiendo su pasión desde el stand de ‘Jigeen Skills’.

    Estudiantes del Centro de Formación Profesional (CFP) de Mbacké, una ciudad en la región de Diourbel, en el centro de Senegal, animan a sus representantes durante la gran final nacional de Teranga Skills. El entusiasmo del público refleja el orgullo regional y la creciente valorización de la formación técnica entre los jóvenes del país.

    Fuente: elpais.com