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    Ilumina una aldea con una bicicleta y una vieja nevera

    El africano Colrerd Nkosi, de 38 años, consigue esta hazaña en un pueblo de Malaui que está considerado uno de los más pobres del planeta

    Redacción

    En la aldea de Yobe Nkosi, en Africa, ubicada a más de 300 km de la capital, Lilongwe, parpadean pequeñas bombillas eléctricas en la escuela, donde hasta ahora los niños estudiaban con luces de velas, cuando había dinero para comprarlas.

    Solamente el 11% de su población está conectada a la red eléctrica y apenas el 4% en las zonas rurales, de acuerdo a las oenegés. Y en ciertos lugares tras la caída del sol todas las actividades se detienen.

    Tras regresar a su aldea hace varios años, tras finalizar sus estudios, Colrerd Nkosi, actualmente de 38 años, no podía volver a su vida cotidiana sin electricidad.

    Muy pronto constató que el río Kasangazi, que fluye frente a su casa lo hacía con la fuerza suficiente para hacer girar los pedales de su bicicleta. Sin la menor formación como electricista, jugando con una dínamo logró llevar corriente a su casa.

    Los habitantes del pueblo comenzaron a llegar a su hogar para recargar sus teléfonos móviles y decidió que tenía que ampliar su proyecto.

    Colrerd Nkosi, junto al generador que da luz a la aldea. Foto: YouTube / African News

    Desviando el agua del río, logró crear una pequeña cascada. «Hice una turbina hidroeléctrica con el compresor de un refrigerador, brindando electricidad a seis casas».

    Actualmente, la aldea de Yobe Nkosi se abastece de electricidad gracias a su centralita artesanal, instalada en las afueras, impulsada por el motor de una desgranadora de maíz. Su escuela es la única entre las 17 de la región que cuenta con iluminación.

    Sus usuarios pagan poco más de un dólar por mes: «La electricidad es prácticamente gratuita», explica Colrerd Nkosi. Su invento improvisado atrajo la atención de las autoridades locales, con la idea de abastecer de electricidad a las 18.000 personas de esta zona del país. El Ministerio de Energía se comprometió a ayudar «tendiendo líneas eléctricas seguras y fiables».

    En el otro lado del valle, se escucha un clamor desde la casa de su primo, Satiel Nkosi. En el interior, la familia se encuentra sentada ante un pequeño televisor blanco. Los mayores se divierten haciendo comentarios osados mientras ven un ‘culebrón’ zambiano, para disgusto de los jóvenes.

    «Estamos muy agradecidos a Colrerd por habernos traído la electricidad. Mis palabras no son suficientes para explicar cuánto ha cambiado mi vida, ahora puedo hacer muchas cosas», afirma Satiel Nkosi.

    Fuente: Contexto