Redacción
En Cumby, Texas, Robyn Yerian, una mujer de 70 años, ha invertido parte de sus ahorros de jubilación en ‘The Bird’s Nest’, una comunidad de viviendas pequeñas que ofrece una alternativa accesible para personas mayores.
A simple vista parece un pequeño camping perdido en la pradera texana. Un camino de tierra, un portón automático, catorce plataformas de hormigón y una hilera de pequeñas viviendas repartidas entre el césped. Pero quienes viven allí insisten en que no es un camping ni una urbanización al uso. Es una comunidad.
En Cumby, una localidad situada a una hora al noreste de Dallas, once mujeres de entre 60 y 80 años han encontrado una forma distinta de afrontar la jubilación: vivir de manera independiente, pagar un alquiler asequible y hacerlo rodeadas de vecinas que han terminado convirtiéndose en su red de apoyo.
Detrás del proyecto está Robyn Yerian, una estadounidense de 70 años que decidió hacer algo poco habitual cuando empezó a pensar en su propia vejez. En lugar de asumir que sus ahorros no serían suficientes para afrontar el aumento del coste de la vida, optó por invertir buena parte de su plan de jubilación en crear el lugar donde ella misma quería envejecer.
Hoy cada residente paga 450 dólares al mes —unos 390 euros al cambio— por la parcela donde está instalada su tiny house. El precio incluye el agua, el saneamiento, la recogida de basura y el mantenimiento de las zonas comunes. La electricidad y el propano corren por cuenta de cada una. Pero, según reconocen quienes viven allí, lo que realmente están pagando no son unos metros cuadrados de terreno, sino la tranquilidad de saber que nunca estarán completamente solas.
JUBILACIÓN A CUENTA
La idea empezó a tomar forma cuando Yerian hizo un cálculo que cada vez preocupa a más estadounidenses. Divorciada y madre de dos hijos, ya vivía en una tiny house de dos dormitorios que había comprado por 57.000 dólares dentro de otra comunidad de viviendas ligeras. Sin embargo, al ver cómo se disparaban los precios en el área de Dallas llegó a una conclusión inquietante: los ahorros que había reservado para la jubilación no le alcanzarían para mantener ese ritmo de vida.
En vez de dejar inmovilizado ese dinero, decidió convertirlo en una inversión capaz de generarle ingresos y, al mismo tiempo, ofrecerle la compañía que no garantizan las cuentas bancarias. En 2022 retiró parte de su plan de pensiones, compró por 35.000 dólares un terreno de cinco acres en Cumby —algo más de dos hectáreas— y trasladó hasta allí su propia vivienda.
La apuesta estaba lejos de ser sencilla. El terreno no disponía de electricidad, agua corriente ni ningún tipo de infraestructura. Hubo que acondicionarlo completamente, abrir accesos, instalar una fosa séptica y conectar todos los suministros básicos. Entre la compra de la parcela y las obras, la inversión alcanzó unos 150.000 dólares, cerca de 130.000 euros.

Sin embargo, el dinero no fue el mayor obstáculo. Como ocurre en muchos lugares, las tiny houses se mueven en un terreno ambiguo desde el punto de vista urbanístico y numerosos municipios no autorizan este tipo de viviendas permanentes. Para sacar adelante el proyecto, Yerian encontró una solución administrativa: registrar el terreno como un parque para autocaravanas.
A diferencia de otras promociones inmobiliarias, Yerian no vende viviendas ni las construye para sus futuras vecinas. Lo que alquila son parcelas completamente preparadas para que cada residente llegue con su propia tiny house, encargue una nueva o incluso instale una autocaravana.
Con el tiempo, sin embargo, detectó otro problema. Algunas mujeres interesadas compartían la filosofía del proyecto, pero no podían afrontar la compra inicial de una vivienda. Para ellas adquirió una tiny house que alquila completamente equipada junto con la parcela por unos 700 dólares mensuales, alrededor de 600 euros.
Fuente: infobae.com y diariopanorama.com

