Recibe el premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional como ejemplo de colaboración entre países
Redacción
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, es un modelo de colaboración que reúne a países, científicos e instituciones para proteger la diversidad agrícola mundial, uno de los patrimonios más esenciales del planeta. Su valor reside también en la confianza entre países de todo el mundo para trabajar juntos en la preservación de un legado común.
Inaugurada en 2008, la Bóveda conserva duplicados de semillas para evitar que una guerra, una catástrofe o la desaparición de un banco genético hagan irrecuperables variedades desarrolladas durante generaciones. La guerra de Siria ya demostró que esta reserva puede salvar colecciones científicas destruidas. Los conflictos de Ucrania y Sudán y la aceleración del cambio climático refuerzan la necesidad de asegurar la diversidad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria de las próximas generaciones.
Svalbard es un archipiélago noruego en el océano Ártico, el lugar que más se calienta del planeta. Bajo una de sus montañas, en el permafrost, se guarda una parte del futuro de la humanidad. Las cámaras, en las que se almacenan las semillas, se encuentran al final de un túnel excavado en la montaña, que se adentra a 130 metros de profundidad. Es el lugar más seguro para las colecciones de semillas. Hay capacidad para 4,5 millones de variedades.
La Bóveda Global de Semillas alberga la gran copia de seguridad de la diversidad agrícola mundial. En su interior hay ya conservadas más de 1,4 millones de muestras, de 6.589 especies y de 135 depositarios. Cada año aumentan las muestras y los depositantes y permanece la idea de conservar duplicados de las colecciones que alimentan la agricultura del mundo.
Lo importante es que se conserven, no su número total, ya que una variedad puede ayudar a afrontar una sequía que todavía no conocemos, una enfermedad que aún no ha aparecido o una plaga que amenace un cultivo básico. También puede permitir recuperar una colección destruida por una guerra o por una catástrofe.
El crecimiento importa, pero también quién confía sus semillas a la montaña. La red reúne bancos nacionales, centros internacionales de investigación y otras instituciones que conservan recursos genéticos vegetales. La Bóveda no se apropia de esas semillas ni las distribuye, las conserva como duplicados de seguridad, y cada institución mantiene la propiedad y el control sobre su material.
BIEN COMÚN
El jurado del Premio Princesa de Asturias destacó su “cooperación silenciosa”, porque es en el silencio y la paz de la montaña donde están almacenadas, por el bien común, semillas incluso de países en conflicto.
La Bóveda es también un ejemplo de multilateralismo, una alianza internacional que se concreta en una tarea práctica, proteger la diversidad de los cultivos de la que dependerá la alimentación futura. Para Noruega, propietaria de la instalación, demuestra que la seguridad alimentaria puede convertirse en una responsabilidad compartida.
Un regalo a la humanidad y símbolo de paz
BAN KI-MOON, ex secretario general de la ONU
NordGen y Crop Trust, socios del Ministerio de Agricultura de Noruega subrayaron que el premio reconoce la conservación de la diversidad agrícola y también la confianza que permite a instituciones de distintos países trabajar juntas. La Bóveda es una infraestructura noruega, pero cada caja de semillas que llega representa una institución que confía en que su colección estará protegida, si algo destruye o vuelve inaccesible el original.
El ex secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, describió la Bóveda como una “póliza de seguro global” y como un regalo de Noruega a la humanidad y “símbolo de paz”. En un momento de guerras, rivalidad entre grandes potencias, crisis climática, debilitamiento de algunas instituciones multilaterales y de catástrofes naturales, se representa una cooperación que no necesita de grandes discursos para demostrar su utilidad.
Fuente: rtve.es

