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    Gloria Fuertes y su primera biblioteca infantil ambulante en España

    Gloria Fuertes en Chozas de la Sierra con su vespa, 1958. / ARCHIVO GLORIA FUERTES

    Redacción

    Junto a su pareja de entonces, la escritora norteamericana Phyllis Turnbull, Gloria Fuertes creó en los años 50 el primer servicio móvil de lectura infantil en España. La poeta circulaba por los pueblos de la sierra de Madrid con su vespa llevando libros a los niños y niñas de las zonas rurales donde las instituciones no llegaban.

    “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria”, escribió Gloria Fuertes (Madrid, 1917), en un poema de su libro Todo asusta, indica SINC en el artículo que le dedica a la poeta.

    Durante su vida, Gloria Fuertes tuvo muchos trabajos: contable, secretaria, taquígrafa, profesora, en la televisión… Pero uno de sus favoritos fue el de bibliotecaria. Por eso, a mediados de 1950, fundó junto a la que era su pareja, la hispanista norteamericana Phyllis Turnbull, la primera biblioteca infantil ambulante de España.

    Con solo su vespa y libros comprados por ellas mismas, Gloria se recorría los pueblos de la sierra de España para llevar el placer de la lectura a las zonas rurales donde no llegaban otras instituciones.

    Este hecho queda a menudo enterrado entre sus logros como poeta, pero también porque Gloria no se lo ponía fácil a sus futuros biógrafos y con frecuencia mentía sobre su vida dando respuestas contradictorias en las entrevistas.

    “Gloria Fuertes falseaba muchos datos de su vida de manera juguetona. Lo mismo decía que tenía seis hermanos mayores o que era la mayor de sus hermanos o que no tenía hermanos”, cuenta a SINC Honorio Penadés, bibliotecario en la Universidad Carlos III de Madrid.

    Falseaba muchos datos de su vida de manera juguetona. Lo mismo decía que tenía seis hermanos mayores o que era la mayor de sus hermanos

    Honorio Penades

    Penadés relata que en los años 70 él y la poeta vivían en el mismo barrio de Madrid: “de pequeño me la encontraba en la compra, en la ferretería, en la papelería, cruzando la calle”. Por eso, en 2017, en el centenario del nacimiento de Gloria, Penadés se propuso la tarea de indagar sobre la vida de la autora para ver cuántos datos biográficos era capaz de verificar.

    Penades encontró un prólogo autobiográfico de la antología Obras Incompletas (1975) en el que Gloria decía: “En 1955 volví a estudiar, hice biblioteconomía e inglés durante cinco años, todo esto sin dejar de trabajar ni de escribir. Fue una de mis épocas más felices. Aquellos años, en que ya al frente de una Biblioteca Pública, aconsejaba y sonreía a los lectores. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.

    “Este texto me hizo indagar qué fue lo que estudió, dónde lo estudió y al frente de qué biblioteca pública estuvo”, dice el bibliotecario. Por aquel entonces, Gloria escribía poesía de todo tipo, sobre todo feminista y reivindicativa, y fue una de las creadoras de las tertulias de Versos con faldas, una reunión de mujeres poetas que se reunían en distintos cafés de Madrid en los años 50 y leían sus poemas unas a otras.

    Gloria Fuertes con Phyllis Turnbull / Archivo Gloria Fuertes

    Allí entro en contacto con la también poeta Carmen Conde, que la introdujo en el Instituto Internacional de España para dar una charla sobre poesía. Unos años más tarde, Gloria se matriculó como alumna en un curso de biblioteconomía. Entonces era el único lugar donde se estudiaba profesionalmente para ser bibliotecaria.

    Gloria estudió allí tres años, del 1955 al 1958. Y ahí fue donde conoció a quien sería su pareja durante más de 15 años, Phyllis Turnbull, que entonces era la directora del Instituto Internacional.

    Phyllis, originaria de Estados Unidos, provenía de una familia adinerada. Con ese dinero, construyó una pequeña casa en Chozas de la Sierra, que ahora corresponde al pueblo madrileño de Soto del Real. Quien diseñó la casa fue Matilde Ucelay, la primera mujer titulada como arquitecta en España, que también estaba vinculada al círculo del instituto.

    Cuando Gloria ya trabajaba como bibliotecaria en prácticas en el Instituto Internacional de España, Gloria y Phyllis se mudaron a Chozas de la Sierra. Penadés cuenta que Gloria y Phyllis “pasaban largas temporadas en esa casa, y empezaron a tener mucho contacto con la gente del pueblo. Por eso, decidieron traer libros a la región, que solo contaba con una escuela.

    Con el dinero de Phyllis, ambas improvisaron un mostrador en el ayuntamiento del pueblo para prestar libros a los niños y niñas. “Desde allí, Gloria se encargaba de hablar con ellos. Me imagino que tendría largos diálogos y les contaba cuentos”, dice el bibliotecario.

    Desde esta protobiblioteca, llevaron grandes colecciones de libros, pero sin un sistema de préstamo ni de catalogación. “El proceso era algo mucho más simple. Decían: te presto estos cuentos, ya los devolverás. Era algo muy cercano”, dice Penadés.

    Gloria Fuertes se lanzó a las llanuras, como don Quijote, a regalar libros a los niños, a enseñarles a leer y entusiasmarlos con la lectura

    Ángel Esteban del Campo

    Pero Gloria decidió ir más allá: ir por los pueblos de la sierra de Madrid con su vespa para llevar la lectura a donde no llegaban las bibliotecas. Creó así la primera biblioteca infantil ambulante de España.

    Ángel Esteban del Campo, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, también habla de esta iniciativa de Gloria en su artículo publicado en Mi biblioteca. “En un país sumido todavía en la pobreza y la falta de recursos para la educación, Gloria Fuertes se lanzó a las llanuras, como don Quijote, a regalar libros a los niños, a enseñarles a leer y entusiasmarlos con la lectura, y a tratar de paliar un poco el enorme analfabetismo que sacudía a la España de la posguerra”, escribe Esteban.  

    Pero la pareja no se quedó ahí. Según cuenta Jorge Cascante en su libro El libro de Gloria Fuertes (Blackie Books, 2021), “Phyllis idea y financia un programa de ayudas económicas gracias al cual logra escolarizar al cien por cien de los niños y niñas de Chozas de la Sierra”. Hoy en día, existe una calle en el actual Soto del Real en homenaje a la norteamericana. 

    Cuenta el bibliotecario Honorio Penadés que la biblioteca estuvo operativa hasta que Gloria obtiene una beca Fulbright y se va a Estados Unidos a finales de la década de 1950. De 1961 a 1963 trabaja como profesora universitaria de español en el país norteamericano.

    Aunque la biblioteca infantil ambulante operó durante solo unos años, el recuerdo de ella quedó en Chozas de la Sierra “mucho más en lo personal de la gente que en lo institucional”, según dice Penadés. Y la huella del mundo de los niños también quedó en Gloria: unos años después de volver a España, comenzó a escribir poesía infantil y, más tarde, se convertiría en realizadora de programas infantiles de la televisión pública española.

    Como decía la poeta: “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.

    Fuente: SINC