Sign Up To The Newsletter

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet

    Si vives en la playa envejeces más lento que si vives en la montaña

    Redacción

    La idea de que el tiempo se ve afectado por la gravedad fue propuesta por primera vez por Albert Einstein en 1915, como parte de su teoría de la relatividad general. El espacio y el tiempo están unidos, y las grandes masas deforman el tejido del espacio-tiempo con su inmensa influencia gravitatoria. 

    Esto hace que el tiempo transcurra más lentamente cerca de una gran masa como un planeta, una estrella o, en el ejemplo más extremo, un agujero negro. Este fenómeno se conoce como dilatación del tiempo.

    Aquí en la Tierra, la dilatación del tiempo significa efectivamente que el tiempo se mueve más rápidamente a mayor altura.  Así, por ejemplo, el tiempo pasa más rápido en la cima de cualquier montaña que en la playa, pero también se aplica a distancias más pequeñas: alguien que vive en un décimo piso envejece más rápido que alguien en el primer piso, y su cabeza envejece más rápido que sus pies.

    Lógicamente las diferencias en el paso del tiempo a través de estas distancias son tan minúsculas que resultan imperceptibles, pero pueden medirse con relojes atómicos.

    Pues bien, en un nuevo estudio, los investigadores del JILA han medido la dilatación del tiempo en la distancia más pequeña hasta ahora: sólo un milímetro (hasta entonces se había hecho con distancias kilométricas).

    Para realizar esta medición, el equipo utilizó un reloj atómico compuesto por una nube ultrafría de unos 100.000 átomos de estroncio. El propio tic tac del reloj se debe a que los átomos cambian entre dos niveles de energía. 

    Mediante un cuidadoso control de estos estados de energía, el equipo pudo hacer que todos los átomos de la nube hicieran tictac al unísono durante 37 segundos, un tiempo récord.

    Detectaron una diferencia entre las dos regiones, debida a la dilatación del tiempo. El desplazamiento de las frecuencias era, por supuesto, minúsculo, sólo 0,0000000000000000001, pero era medible.

    El equipo afirma que este trabajo no sólo podría ayudar a hacer que los relojes atómicos sean 50 veces más precisos de lo que son ahora, sino que podría abrir nuevas herramientas para indagar en los misterios de la física.

    Fuente: ComputerHoy.