Widget Image
QUIENES SOMOS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna

Sorry, no posts matched your criteria.

Sign Up To The Newsletter

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet

    El mercurio en la caballa canaria se reduce a la mitad en 50 años

    Las concentraciones de este elemento químico y otros como el cadmio y el plomo suelen encontrarse por debajo de los límites establecidos por la legislación europea

    Redacción

    El seguimiento de las poblaciones de caballa en aguas canarias ha revelado que la caballa de hace medio siglo contenía en su músculo casi el doble de mercurio que la actual.

    Este descenso, superior al 50 %, fue documentado al comparar ejemplares históricos con otros recientes capturados en aguas canarias. Es la prueba de que medidas ambientales como la eliminación progresiva del plomo en los combustibles o el Convenio de Minamata sobre el Mercurio han tenido efectos reales, informa The Conversation.

    De igual manera, el seguimiento de las poblaciones de sardina realizado durante la última década ha revelado una disminución progresiva de las concentraciones de plomo.

    Estos ejemplos ilustran por qué los peces pequeños pelágicos –que viven en aguas medias o cerca de la superficie–, como sardinas, chicharros (o jureles en la península ibérica), caballas y alachas, representan una herramienta fundamental para evaluar la salud química marina.

    Sensores con aletas

    Desde hace décadas, se sabe que determinados organismos marinos pueden actuar como centinelas de la contaminación. Los peces pelágicos pequeños resultan especialmente útiles porque viven pocos años, crecen rápido y ocupan una posición intermedia en la cadena alimentaria. Así, reflejan cambios ambientales en cuestión de meses y ofrecen una imagen casi instantánea del estado del ecosistema.

    Además, se encuentran entre los pescados más consumidos del mundo, con un papel esencial en al seguridad alimentaria global. Analizar los elementos químicos presentes en sus tejidos permite, al mismo tiempo, comprender los procesos ambientales que ocurren en el océano y evaluar la seguridad de los productos marinos que comemos.

    Metales buenos, metales malos

    Los estudios realizados en el Atlántico nororiental han analizado hasta veinte elementos químicos distintos en el músculo de estas especies.  Algunos son esenciales para la vida, como hierro, cobre, zinc o manganeso, necesarios para funciones fisiológicas básicas. Otros, como cadmio, plomo o mercurio, pueden resultar tóxicos cuando se acumulan en exceso.

    La buena noticia es que las concentraciones de estos últimos detectadas en los pequeños pelágicos canarios suelen encontrarse por debajo de los límites establecidos por la legislación europea. Sin embargo, esos niveles no son constantes: cambian con la estación del año, el tamaño y la edad del pez, la zona de captura e, incluso, ante fenómenos naturales puntuales.

    La caballa pescada en Canarias tiene menos metales pesados que hace medio siglo / ALBA JURADO
    Canarias, un laboratorio natural

    Las aguas canarias constituyen un escenario excepcional para este tipo de investigaciones. Uno de los factores clave es la influencia del gran afloramiento del noroeste africano, un proceso que hace ascender aguas frías profundas, ricas en nutrientes y determinados elementos químicos.

    Cuando este fenómeno se intensifica, especialmente durante los meses fríos, aumentan las concentraciones de algunos metales en especies como los chicharros y las caballas. No se trata de contaminación, sino de la propia dinámica natural del océano.

    Otro elemento fundamental es la calima, que transporta enormes cantidades de partículas minerales desde el desierto del Sáhara hasta el Atlántico. Este polvo aporta hierro, aluminio, cobre y zinc al océano, que pasa al fitoplancton y, posteriormente, al resto de la red trófica.

    Asimismo, la actividad volcánica también deja su impronta. La reciente erupción en la isla de La Palma modificó temporalmente la química marina y se detectaron incrementos de varios metales en caballas capturadas en las zonas afectadas.

    Escuchar a los peces

    La biología también influye en los patrones de acumulación. La edad, el tamaño, el estado reproductivo o los hábitos alimentarios modifican la composición química de cada ejemplar. En conjunto, los resultados apuntan a una idea sencilla: cada sardina, cada chicharro y cada caballa que llega al mercado es también un pequeño sensor ambiental. En sus tejidos queda reflejada la estación en que fue capturado, la intensidad del afloramiento, la influencia de la calima o, incluso, la huella de una erupción volcánica reciente.

    En un contexto de cambio global y creciente presión sobre los océanos, estos estudios adquieren gran importancia. Los peces que consumimos no solo alimentan a millones de personas en todo el mundo, también nos ayudan a comprender, mediante la química y la biología, qué está ocurriendo bajo la superficie del mar.

    Fuente: The Conversation