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    Una ONG de Sri Lanka donde las mujeres desactivan minas

    “La mayoría hemos vivido la guerra y queremos eliminar sus restos”, afirman las integrantes de la brigada

    Redacción

    En el norte del país, marcado por un conflicto entre 1983 y 2009, el desminado avanza con retraso debido a la falta de fondos y de relevo generacional. Cuando acabaron los enfrentamientos, quedaban cerca de 1,6 millones de minas terrestres

    Akhujumta Vasanthan tenía nueve años cuando comenzó la guerra civil de Sri Lanka, en la que perdieron la vida cerca de 100.000 personas, entre ellos, su hermano y su padre. Hoy, tiene 41 y supervisa la retirada de las minas antipersona enterradas por los dos bandos del conflicto: el ejército de Sri Lanka y los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE, por sus siglas en inglés), un grupo separatista.

    “Quiero que nuestra tierra esté libre de ellas, por el bien de nuestro pueblo. La gente necesita que sea segura para cultivar, pescar, vivir y también para el turismo”, afirma. Aunque el Gobierno ha establecido la meta de liberar el país de minas para 2028, el proceso está “retrasado respecto al objetivo”, según el más reciente informe del Landmine and Cluster Munition Monitor.

    Se calcula que en 2009, cuando terminó la guerra, quedaban alrededor de 1,6 millones de minas terrestres sin señalizar ni registrar, lo que produjo un desplazamiento interno masivo en la Provincia del Norte y otras zonas, según The HALO Trust, una ONG que trabaja en desminado. Hasta la fecha, aún quedan 23 kilómetros cuadrados contaminados. En la última década, cerca de 40 personas han muerto tras pisar estos dispositivos.

    Vasanthan se unió al proyecto de desminado de The HALO Trust en 2014. “Desde niña sabía lo dañinas que eran las minas y había oído hablar de personas que morían o perdían extremidades”, dice. Su empleo también es una fuente de ingresos en un país que quedó devastado por el conflicto y donde la tasa de pobreza es del 24,5%.

    La ONG emplea a cerca de 1.200 locales ―tanto en desminado como en otras áreas― y el 38% son mujeres. Vasanthan, por ejemplo, ha participado en el despeje de varias regiones del norte y gana 65.000 rupias de Sri Lanka (unos 170 euros) al mes, con las que cubre los gastos del hogar y la educación de sus hijos. Aunque este trabajo le permite salir adelante y contribuye a que miles de civiles recuperen sus tierras, sigue siendo una actividad de alto riesgo.

    DESAFÍOS

    Pero ella no tiene miedo. “Una vez que recibes la formación adecuada, ya no es tan peligroso. Las que nos dedicamos a esto, nos emocionamos cada vez que eliminamos alguna”, afirma. The HALO Trust, usa diferentes tecnologías para garantizar que los trabajadores estén protegidos, como los detectores de metales MineLab y HTSTAMID, y diferentes tipos de excavadoras. “Estoy muy contenta porque estamos preparando nuestra tierra para usarla y trabajarla de nuevo”, agrega Vasanthan. Esta organización ha removido más de 300.000 minas desde que inició labores.

    En 2002, siete años antes del fin de la guerra, varias ONG comenzaron a limpiar amplias zonas para proteger a la población de la región y restaurar su sustento. Entre quienes lograron regresar figura Radha Krishna Gowri, que huyó en los años ochenta ante el riesgo de vivir en un territorio minado.

    Una vez que recibes la formación adecuada, ya no es tan peligroso

    AKHUJUMTA VASANTHAN

    Matthieu Guillier, responsable principal de programas en The HALO Trust, explica que la organización está trabajando con el Gobierno para desbloquear nuevos fondos. “También estamos considerando donantes privados y opciones que podrían hacer que el proceso sea más rentable”, afirma.

    “Cuando estás cerca de desminar un país entero, el entusiasmo de los donantes puede disminuir en comparación con regiones donde las minas terrestres suponen una crisis humanitaria urgente. Cuando estás en la última fase, es más difícil demostrarles que se requiere ayuda, ya que normalmente se trata de tierra inhabitada”, incide.

    Fuente: elpais.com