Redacción
Los robots sociales en la educación podrían convertirse en una herramienta de apoyo para mantener la atención y motivar a los estudiantes. Un experimento piloto realizado en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) observó que los participantes rindieron ligeramente mejor cuando recibían comentarios del robot humanoide Pepper que cuando procedían de una persona.
Pepper mide aproximadamente lo mismo que un niño de seis o siete años y está diseñado para interactuar con las personas mediante voz, cámaras, micrófonos y numerosos sensores. Investigadores del Laboratorio de Tecnología Educativa de NTNU, en Gjøvik, lo utilizaron para estudiar si el origen y el tono de los comentarios recibidos durante una tarea podían modificar la atención, la motivación y el rendimiento.
Los resultados iniciales sorprendieron incluso al propio equipo, que esperaba una mayor influencia de la respuesta humana.
En el estudio participaron 15 personas de entre 16 y 40 años. Su tarea consistía en localizar diferentes objetos en una serie de imágenes mostradas durante diez segundos, como un coche azul, una cesta escondida en un bosque o una bandera de determinados colores.
Mientras completaban el ejercicio, los participantes recibían comentarios positivos, neutrales o negativos procedentes de Pepper o de un asistente humano. Al mismo tiempo, utilizaban unas gafas de seguimiento ocular capaces de registrar movimientos de los ojos, parpadeos y dilatación de las pupilas.
Los datos sugieren que las respuestas del robot tuvieron un efecto mayor sobre la atención visual que las de los humanos. De media, los participantes también obtuvieron resultados algo mejores cuando era Pepper quien les daba indicaciones, aunque el efecto cambiaba según el tipo y el orden del feedback recibido.
“Los resultados sugieren que las respuestas de los robots sociales tienen un mayor impacto sobre la atención visual que las respuestas humanas”, explicó Akshara Pande, profesora asociada de NTNU. Para los investigadores, esto abre la posibilidad de utilizarlos en situaciones concretas en las que sea necesario animar a una persona a mantener el esfuerzo.
APOYO, NO SUSTITUCIÓN
El equipo cree que estos robots podrían resultar especialmente útiles en actividades individualizadas, ejercicios repetitivos o momentos en los que un estudiante necesita estímulo constante. También podrían ayudar a reducir parte de la carga de trabajo del profesorado en tareas muy específicas.

Sin embargo, los investigadores rechazan la idea de sustituir a los docentes. “Los robots sociales no están ahí para reemplazar a las personas. Son herramientas que pueden utilizarse en determinados contextos y para tareas específicas”, subrayó Deepti Mishra, profesora de NTNU y responsable del estudio.
También advierten de un posible riesgo: que los estudiantes terminen dependiendo demasiado de estímulos externos para realizar bien una tarea. Por eso defienden un modelo en el que la supervisión, el juicio y las decisiones importantes sigan siempre en manos humanas.
Los resultados son todavía preliminares. La muestra fue de solo 15 personas y el equipo plantea ahora experimentos con grupos más amplios, diversos y seguidos durante periodos más largos. Aun así, el trabajo ofrece una primera pista interesante: bien utilizados, los robots sociales podrían convertirse en compañeros tecnológicos capaces de reforzar la atención y la motivación sin ocupar el lugar del profesor.
Fuente: lacarabuenadelmundo
