BBC / Noticias Positivas
Cuando la profesora de química Grace Han viajó de Boston al sur de California hace unos años, se dio cuenta de la diferencia. Sintió un hormigueo en la piel con las primeras señales de irritación después de pasar solo unas horas afuera.
El año pasado, se mudó para empezar a trabajar en la Universidad de California en Santa Bárbara, y asiduamente empezó a usar una sombrero de ala ancha, gafas oscuras y mucha crema solar. Como era profesora de química, ya había investigado. “Había estado leyendo sobre la fotoquímica de ADN, como pasatiempo”, recuerda.
Fue ahí cuando se dio cuenta de que las moléculas de ADN en la piel humana que se dañan con las quemaduras de sol podrían ayudarla. Esas moléculas cambian de forma cuando se irritan con el sol, torciéndose en una versión tensa de su forma normal.

Han PQ Nguyen
Durante décadas, los científicos han buscado moléculas que puedan cambiar de forma y almacenen energía durante ese proceso, para luego estimularlas a que vuelvan a su forma original y desprendan la energía almacenada.
Es algo así como montar una trampa de ratones y luego activar el mecanismo. Se conoce como almacenamiento molecular de energía solar termal (MOST, por sus siglas en inglés) y es potencialmente una manera de suministrar calor muy barata y libre de emisiones. Los sistemas MOST podrían almacenar energía durante muchos meses, incluso años.

Foto: Han PQ Nguyen, UCSB
En un estudio publicado en febrero, ella y sus colegas describieron el sistema de almacenamiento de energía más prometedor hasta la fecha, por lo menos en términos de su densidad energética. Era lo suficientemente potente como para que en una “pequeñísima tetera” en un vial hirviera una pequeña cantidad de agua rápidamente, indicó Han.
Sus estudiantes, que realizaron parte del estudio, se apresuraron a contarle lo que vieron. “Cuando pude ver el video y vi lo rápido que toda la solución estaba hirviendo, fue realmente extraordinario”, recuerda la profesora.
LABORATORIOS VIVIENTES
Es importante activar el cambio de forma de las moléculas que almacenan energía de manera pareja y repetible. Afortunadamente, millones de años de evolución han perfeccionado este proceso cuando sucede en ciertas plantas y animales.
En cierto sentido, los seres vivos son laboratorios químicos, y algunos organismos han evolucionado para poder reparar las moléculas contorsionadas por el sol con la ayuda de una enzima llamada fotoliasa.
Grace Han pudo ver que ese tipo de moléculas eran las candidatas perfectas para un sistema de almacenamiento de energía. “Son muy, muy pequeñas”, explica. “Y pueden almacenar una enorme cantidad de energía por masa”.
El objetivo final de este tipo de trabajo es descarbonizar la calefacción, lo que es notablemente difícil.
Fuente: bbc.com