La investigadora acaba de ser galardonada con el premio ‘For Women in Science’, un programa de L’Oréal y la Unesco que reconoce el talento científico femenino
Redacción
Sara Mederos (Madrid, 36 años) llega temprano a su laboratorio. A las 7.30 horas ya está en el Hospital del Mar Research Institute, en Barcelona, con la certeza de que entender cómo funciona el cerebro es una tarea esencial. La neurocientífica estudia qué sucede dentro de nuestras cabezas cuando tomamos decisiones, pero bajo escenarios específicos.
Mederos intenta descifrar cómo este órgano integra la experiencia, el contexto y el estado anímico para empujarnos o frenarnos. Y cómo, después de un accidente, por ejemplo, el miedo puede permanecer más tiempo del necesario. “Lo normal es que el cerebro aprenda que el peligro ya no está”, explica.
La científica madrileña es quien dirige el grupo encargado de esta investigación, inicialmente integrado por tres personas, pero que puede extenderse a otras diez. Su trabajo busca entender qué falla en los circuitos cerebrales cuando aparecen trastornos como la ansiedad o el estrés postraumático. Identificar patrones, mapear conexiones, entender cómo algo tan complejo como el cerebro es capaz de generar comportamientos, emociones e identidades.
“Las áreas corticales, que son la parte del cerebro más evolucionada, llevan mucha información sobre el contexto y el aprendizaje”, detalla. En paralelo, explica, existen “estructuras subcorticales que regulan cómo reaccionamos a estímulos aversivos”, es decir, aquellas respuestas automáticas de alerta o huida que el cerebro activa ante una amenaza.
La investigadora describe el cerebro como un sistema en constante negociación entre experiencia y supervivencia. La información que obtenemos del entorno se integra de forma “plástica” en esos circuitos, encargados de traducir el miedo en conducta. El problema aparece cuando ese mecanismo deja de reajustarse correctamente. “Creemos que en situaciones de ansiedad o estrés postraumático estas áreas se quedan activadas y no consiguen volver a sus niveles normales”, detalla.
Antes de las neuronas y de los circuitos cerebrales, estuvieron las galaxias. “Me gustaban mucho las estrellas cuando era niña”, recuerda. También la biología marina. Había algo en lo inmenso que la empujaba a hacerse preguntas. En aquel momento no sabía que ese mismo vértigo lo encontraría más tarde dentro de la cabeza humana. “En neurociencia todavía tenemos muchas incógnitas. Es como mirar al cielo y ver toda esa inmensidad”, dice Mederos, que acaba de ser galardonada con el For Women in Science, un programa de L’Oréal y la Unesco para reconocer el talento científico femenino. Seis de las premiadas desde su fundación en 1998, fueron distinguidas posteriormente con el Premio Nobel en Ciencias.
SALUD MENTAL
Un tercio de la población española declara sufrir ansiedad, según el Estudio Internacional del Grupo AXA sobre Salud y Bienestar Mental realizado en 2025 y que recoge datos de 16 países. El informe identifica un panorama especialmente preocupante entre los jóvenes, que concentran los peores indicadores. El grupo de 18 a 24 años es el más afectado, con un 9% que afirma padecer ansiedad, la misma proporción que en la franja de 24 a 35 años. Mientras, en el estudio también se recoge que el 64% de los españoles se considera susceptible de sufrir ansiedad, estrés o depresión.
La investigación de Mederos tiene la mirada puesta en la aplicación clínica. La idea, apunta la científica, es que su trabajo pueda contribuir con los tratamientos a base de fármacos o técnicas no invasivas, como uso de ultrasonidos focalizados, una técnica que permitiría dirigirse a un área concreta del cerebro para tratar de regular los niveles de actividad que tendría que haber en esas áreas. “Entender nos daría la posibilidad de generar tratamientos terapéuticos para enfermedades neurodegenerativas o de salud mental”, afirma Mederos. “La sociedad necesita que se ponga el foco en esta situación”, subraya.
Existen estructuras subcorticales que regulan cómo reaccionamos a estímulos aversivos
SARA MEDEROS
Aunque la presencia de mujeres ha aumentado en las primeras etapas de la carrera científica, Mederos reclama que la desigualdad reaparece cuando se asciende hacia posiciones de liderazgo. “En los comienzos de la carrera investigadora, esta brecha se ha roto, pero en posiciones más consolidadas o al buscar financiación siendo líder o jefa de grupo de investigación, creo que se vuelve más evidente de nuevo”, denuncia.
Para la neurocientífica, el problema tiene varias capas. Una de ellas es la conciliación familiar y laboral, especialmente en una profesión marcada por jornadas largas, competitividad y una exigencia constante. “Parece que, si no eres madre, la sociedad lo interpreta como que te has perdido algo. Y también creo que es importante que sea una opción, que la maternidad no sea la única opción”, sostiene.
Fuente: elpais.com

