Redescubierta en Irak, esta metrópolis olvidada revela un capítulo esencial de la historia antigua y consolida el legado arquitectónico del gran conquistador macedonio
Redacción
Durante más de 1.700 años, el nombre de una ciudad sobrevolaba los anales de la historia como un dato imposible de verificar. Hablamos de Alejandría del Tigris, una metrópolis portuaria fundada por el mismísimo Alejandro Magno hacia el año 324 a.C., en los últimos meses de su vida. Fue una urbe diseñada para conectar el corazón de Mesopotamia con los circuitos marítimos del Golfo Pérsico y la India. La intención era alzarla como un nodo estratégico, cosmopolita y ambicioso. Sin embargo, ¿cómo es posible que desapareciera del mapa?
Podríamos decir que estaba desaparecida hasta ahora. Un equipo internacional de arqueólogos liderado por el profesor Stefan Hauser, de la Universität Konstanz (Alemania), ha confirmado el hallazgo de esta legendaria ciudad en las inmediaciones de Jebel Khayyaber, en el sur de Irak, gracias a una impecable combinación de tecnología de teledetección, imágenes de drones y estudios geofísicos no invasivos. Sin una investigación multidisciplinar este descubrimiento no habría sido posible.
Alejandría del Tigris, posteriormente conocida como Charax Spasinou, fue una de las muchas fundaciones que Alejandro Magno impulsó para consolidar un colosal imperio que iba desde Grecia a la India. Según fuentes clásicas como el escritor y militar romano Plinio el Viejo, esta ciudad se alzaba junto a la convergencia del río Tigris y el Karún (el más caudaloso de Irán) y no lejos del entonces litoral del Golfo Pérsico.

Pero con el tiempo, la fuerza de la naturaleza comenzó a cambiar las reglas del juego. La costa avanzó hacia el sur debido a siglos de sedimentación fluvial y el río Tigris modificó su curso. Con el agua alejándose poco a poco, el puerto perdió funcionalidad, y con esto, la ciudad también vio mermada su influencia, para acabar, finalmente, olvidada. Se trata de una sucesión curiosa de los hechos, ya que originalmente, la ciudad había sido levantada para ser eje del comercio global antiguo pero acabó escondida bajo el polvo y campos de cultivo.
Una metrópolis descubierta desde el aire
El redescubrimiento de la ciudad fue posible gracias a una pista olvidada desde los años 60 del siglo pasado, cuando el investigador británico John Hansman observó en fotos aéreas tomadas por la Royal Air Force unas formas rectilíneas sospechosas cerca del actual Jebel Khayyaber. Sin embargo, por razones políticas y militares (incluyendo la guerra entre Irán e Irak, que convirtió parte del yacimiento en zona milita), el trabajo de campo se pospuso durante décadas. Huelga decir que, afortunadamente, esta urbe ha sobrevivido hasta a las guerras.
Tras el regreso arqueológico, que fue posible a partir de 2014, el equipo liderado por Hauser y sus colegas británicos de las universidades de Manchester y Birmingham llevaron a cabo más de 500 km de prospecciones a pie, y recopilaron miles de fragmentos de cerámica y ladrillos; pero fue el uso de drones (fotogrametría mediante drones), las imágenes satelitales y la magnetometría de alta resolución, entre otras tecnologías, lo que hizo resurgir el rostro de la perdida Alejandría del Tigris.
Ahí estaba. Con apenas una mínima prospección de superficie, la tecnología ha servido para reconstruir virtualmente esta histórica urbe. Una ciudad cuidadosamente planificada, con calles en forma de cuadrícula, enormes manzanas residenciales (insulae), templos monumentales, zonas industriales con hornos y talleres, canales de irrigación, un lago portuario interior, y hasta un palacio rodeado de jardines. Según los expertos, la escala es comparable a la de la Alejandría de Egipto. Y ahora podemos hacernos una idea de su escala y diseño.
“Nos dimos cuenta de que realmente habíamos encontrado el equivalente a la famosa ciudad egipcia, Alejandría del Nilo. En ambos lugares, Alejandro Magno fundó una ciudad en un punto donde el mar abierto se encuentra con los ríos”.

Entre Oriente y Occidente
Entre el año 300 a.C. y el 300 d.C., Alejandría/Charax funcionó como bisagra entre los mundos. Era el lugar por el que transitaban productos exóticos, incluyendo especias, maderas exóticas como el palisandro y piedras semipreciosas, pero probablemente también seda china y muchos otros productos. Cruzaban Mesopotamia y llegaban a las grandes capitales imperiales como Seleucia o Ctesifonte. Con una población estimada de cientos de miles de habitantes, estas ciudades demandaban todo tipo de enseres: desde marfil, pasando por metales preciosos o textiles. Y Charax era el punto de entrada.
Alejandro Magno tuvo muy claro por qué construir una ciudad en este emplazamiento concreto. Desde el principio, buscó fundar urbes en lugares donde el mar abierto y los sistemas fluviales internos coincidieran, asegurando así el flujo geoeconómico de su nuevo imperio. Y, durante más de cinco siglos, así fue. Pero como muchas ciudades antiguas, Alejandría del Tigris fue víctima de su propio entorno natural. Cuando el curso del río se desplazó hacia el oeste y la costa se alejó hasta 180 kilómetros, la ciudad quedó aislada del agua, y por tanto, lejos de razón principal de supervivencia: el comercio.

Según los registros y pruebas geológicas obtenidas por los investigadores, el colapso comenzó hacia el siglo III d.C.,y habría que esperar a que la moderna ciudad de Basora se convirtiera en su heredera geográfica y comercial.
Fuente: National Geographic