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    Victoria para el cielo: Cancelan el proyecto que ponía en jaque la astronomía en Chile

    El complejo industrial dedicado a la fabricación de hidrógeno y amoníaco verde tenía previsto ubicarse cerca del Observatorio Paranal del ESO, un referente en el estudio del universo

    Redacción

    La batalla entre el desarrollo industrial masivo y la preservación de los cielos más limpios del planeta (los del desierto de Atacama) parece haber llegado a su fin. La energética AES Andes ha confirmado la cancelación definitiva del proyecto INNA, un complejo de producción de hidrógeno y amoníaco verde valorado en 10.000 millones de dólares, informa Climática en su artículo.

    La iniciativa, que contemplaba la construcción de plantas solares, un puerto y enlaces de transporte en una extensión de 3.000 hectáreas, se había convertido en el foco de una intensa disputa debido a su ubicación: a tan solo 11,6 kilómetros del Observatorio Paranal, hogar del Very Large Telescope (VLT, telescopio muy grande), y cerca del futuro Extremely Large Telescope (ELT, telescopio extremadamente grande), el ojo más grande del mundo, que se encuentra actualmente en construcción.

    La filial de la corporación estadounidense AES Corporation registró a primeros de febrero una solicitud formal ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) de Chile para “desistir” del proceso de evaluación del Estudio de Impacto Ambiental.

    Vía Láctea detrás de uno de los telescopios auxiliares del Very Large Telescope / Y. BELETSKY/ESO

    Aunque desde la empresa sostienen públicamente que el proyecto era “absolutamente compatible” con otras actividades en la zona, la versión oficial de la la retirada a una decisión estratégica de su matriz en Estados Unidos. AES Andes ha optado por reorientar sus inversiones hacia el desarrollo de energías renovables y sistemas de almacenamiento de baterías, alejándose de la producción de hidrógeno verde, un sector cuyas expectativas de crecimiento se han enfriado a nivel global en los últimos meses.

    Un alivio para la ciencia mundial

    Para la comunidad astronómica, la retirada de INNA no es solo un cambio en las carteras de inversiones, sino la salvación de la astronomía terrestre en el hemisferio sur. El Observatorio Europeo Austral (ESO), que cuenta con el apoyo de 16 países europeos –entre ellos España– y opera las instalaciones en la región, había advertido durante el último año sobre las consecuencias catastróficas del proyecto.

    “Cuando se confirme la cancelación, estaremos aliviados de que el complejo industrial INNA no se construya cerca de Paranal”, señala en un comunicado Xavier Barcons, director general del ESO. Un análisis técnico de la organización había revelado que la operación de la planta causaría daños “graves e irreversibles”. Entre las amenazas citadas se encontraban la contaminación lumínica en un cielo protegido, microvibraciones en el suelo capaces de descalibrar instrumentos de alta precisión y la suspensión de polvo, que podría depositarse en los espejos de los telescopios.

    “Los proyectos de energía verde, y otros proyectos industriales que impulsen el desarrollo nacional y regional, son totalmente compatibles con los observatorios astronómicos si las distintas instalaciones están ubicadas a una distancia suficiente unas de otras”, explica Barcons.

    Para llegar a este punto, la presión internacional ha sido clave. En diciembre, una carta abierta liderada por el premio Nobel de Física Reinhard Genzel instó al Gobierno chileno a detener el proyecto.

    Chile posee cerca del 70% de la capacidad astronómica mundial instalada, gracias a la aridez y estabilidad atmosférica del desierto de Atacama. La cancelación de INNA asegura, por ahora, que las futuras generaciones de telescopios podrán seguir escudriñando galaxias lejanas y buscando exoplanetas habitables sin la interferencia de la actividad industrial humana.

    Fuente: Climática