Se trata de una forma de construcción coherente con la economía circular, pues primero se observa qué recursos existen y después se diseña con ellos
Redacción
Ventanas que iban a ser sustituidas, madera recuperada de palés y una cantidad relativamente pequeña de materiales nuevos. Con estos elementos, un proyecto de autoconstrucción demuestra que es posible levantar un invernadero de unos 15 m² aprovechando componentes que normalmente tendrían pocas posibilidades de volver a utilizarse, informa EcoInventos.
El proyecto, publicado por Organikmechanic en Instructables, mide aproximadamente 5 metros de largo por 3 metros de ancho. Para construirlo se emplearon 24 ventanas recuperadas, una puerta acristalada y madera procedente de alrededor de 20 palés estándar, además de algunos elementos estructurales nuevos.
El resultado tiene además una particularidad interesante: las ventanas no se adaptaron a un diseño previamente cerrado, sino que el propio invernadero se diseñó alrededor de los materiales recuperados disponibles.

El invernadero se adapta a las ventanas y no al revés
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto aparece antes incluso de empezar a construir. Cuando se trabaja con materiales recuperados, intentar reproducir las dimensiones de una estructura convencional puede obligar a cortar, modificar o incluso descartar buena parte de ellos. Aquí se siguió el planteamiento contrario.
Durante varios años se fueron reuniendo ventanas antiguas procedentes principalmente de sustituciones de carpinterías. Una vez disponible una cantidad suficiente, se clasificaron por dimensiones y características para determinar dónde podía colocarse cada una.
Las puertas francesas y otros grandes elementos acristalados terminaron condicionando incluso la altura general. Es una forma de construcción especialmente coherente con la economía circular: primero se observa qué recursos existen y después se diseña con ellos.
Una base construida con madera recuperada de palés
Las ventanas tienen alturas diferentes, por lo que colocarlas directamente sobre una estructura uniforme habría complicado considerablemente el montaje. La solución fue fabricar pequeños paneles inferiores de madera capaces de compensar esas diferencias.
ara ello se desmontaron palés y sus tablas se utilizaron para fabricar bastidores rectangulares. Sobre cada uno se instaló posteriormente su correspondiente pareja de ventanas.
Esta franja inferior cumple así dos funciones: sirve de soporte estructural y permite absorber las diferencias dimensionales entre ventanas recuperadas.
No toda la estructura procede, sin embargo, de materiales reutilizados. El proyecto utiliza también siete postes de madera de aproximadamente 70 × 70 mm y 2,4 metros de altura, soportes metálicos, tornillería, bisagras y otros elementos auxiliares.

La cubierta se realizó con polietileno profesional de 200 micras estabilizado frente a los rayos ultravioleta, colocado sobre siete cerchas. El tejado tiene aproximadamente 25° de inclinación y un vuelo de unos 15 cm a cada lado. La combinación reduce el peso en la parte superior y simplifica considerablemente la construcción.
Las ventanas recuperadas tienen otra ventaja: dejan pasar mucha luz
El vidrio continúa siendo un material muy interesante para horticultura. Según la Royal Horticultural Society, el vidrio utilizado en invernaderos puede dejar pasar alrededor del 90 % de la luz y no se degrada por la exposición solar como determinados materiales plásticos.
Reutilizar ventanas permite aprovechar precisamente esas propiedades sin fabricar un cerramiento completamente nuevo.
Eso no significa que cualquier ventana encontrada pueda instalarse directamente. Hay que comprobar el estado de los marcos, la fijación del cristal, posibles grietas, pudriciones y la estabilidad de cada pieza.
La seguridad también es importante. En zonas de paso, puertas o puntos donde una persona pueda caer contra el cerramiento, el vidrio convencional antiguo puede resultar peligroso. La RHS recomienda utilizar vidrio templado en puertas y lugares con riesgo de impacto humano.
Fuente: EcoInventos