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    Una nave interestelar de ADN para expandir la vida por el cosmos

    Redacción

    Un equipo de investigadores ha propuesto un nuevo tipo de nave espacial viviente creada con una mezcla de componentes vegetales, animales y electrónicos. Su nombre es mariposa espacial, es de un tamaño muy pequeño, tiene un cerebro de inteligencia artificial y puede viajar entre distintos sistemas estelares. Su creador asegura que este tipo de naves servirá para recoger recursos en otros sistemas planetarios, transmitir valiosos datos científicos a la Tierra y ayudarnos a expandir nuestra especie por el cosmos.

    El concepto de la mariposa espacial está inspirado en las ideas del visionario físico teórico angloamericano Freeman Dyson, la mente detrás de ideas tan revolucionarias como las esferas de Dyson. El investigador propuso en 1985 la Astrochicken, una sonda de un kilogramo para viajar a Urano. La Astrochicken debía ser pequeña, tan ágil como un colibrí y con un cerebro que no pesara más de un gramo. Pero lo más llamativo es que sería una sonda viva hecha con distintos componentes.

    “El componente vegetal tiene que proporcionar un sistema básico de soporte vital que utilice la bioquímica de ciclo cerrado con la luz solar como fuente de energía. El componente animal tiene que proporcionar sensores, nervios y músculos con los que pueda observar, orientarse y navegar hasta su destino. El componente electrónico debe recibir instrucciones de la Tierra y transmitir los resultados de sus observaciones”, explica Dyson en su libro El Infinito en Todas Direcciones.

    Esta idea se instaló en la mente de Greg Matloff, profesor del Departamento de Física del New York City College of Technology (CUNY) y un destacado experto en posibilidades de propulsión interestelar, especialmente en velas solares. Matloff, junto a su esposa, la artista C. Bangs, ha creado su propia versión del Astrochicken llamada la mariposa espacial. Los resultados de su investigación están publicados en un artículo llamado “Space Butterfly: Combining Artificial Intelligence and Genetic Engineering to Explore Multiple Stellar Systems” que aparece en el número 77 de la revista Journal of the British Interplanetary Society.

    La Mariposa Espacial

    La nave salida de la cabeza de Matloff tiene grandes y delgadas alas como las de una mariposa. Estas alas se despliegan cerca de las estrellas y funcionan como paneles solares, alimentando al conjunto de equipos científicos y de comunicaciones de la nave espacial.

    Matloff describe esta nave como “un Astrochicken viviente con subsistemas de propulsión miniaturizados, navegación autónoma computerizada mediante señales púlsares y un enlace de comunicaciones láser con la Tierra. La nave sería un organismo de bioingeniería. Tras una travesía interestelar, este Astrochicken viviente se situaría en órbita alrededor de un planeta habitable. La nave (o el ser) podría crear una incubadora utilizando los recursos del sistema solar de destino y criar a la primera generación de colonos humanos utilizando óvulos y esperma humanos almacenados criogénicamente”.

    La mariposa espacial, impulsada por su cerebro de IA, también sería capaz de extraer recursos encontrados en sistemas exoplanetarios y moverse entre sistemas estelares en viajes que durarían milenios.

    Como apunta Centauri Dreams, Matloff especula con la posibilidad de que el objeto interestelar Oumuamua fuera una mariposa espacial. El investigador ha usado modelos matemáticos para explorar la trayectoria, velocidad y aceleración de este tipo de sonda y la equipara a una vela solar. Si este fuera el caso, y si Oumuamua fuera una vela solar, sería una vela lenta, moviéndose a una velocidad de crucero interestelar del orden de 26 kilómetros por segundo, y, por tanto, necesitando unos 50.000 años para recorrer la distancia entre el Sol y la estrella más cercana, Alfa Centauri

    Sin embargo, una mariposa espacial debería ser capaz de hacerlo bastante más rápido, aunque seguiría tardando milenios en realizar la travesía.

    Aun así, el concepto de mariposa espacial es una vuelta de tuerca a ideas como las de Elon Musk que dicen que la para la supervivencia de nuestra civilización es necesario que nos convirtamos en una especie interplanetaria y evitar así que un evento de extinción nos lleve por delante sin dejar rastro.

    También puede cambiar nuestra de explorar el cosmos. Matloff plantea que una sonda consciente como esta —que no sea solo robótica, sino una entidad viviente que combina la ingeniería con la manipulación genética del ADN de plantas y animales— puede llegar hasta el corazón del cosmos mismo. Allí y sin las restricciones del tiempo, podría dedicarse al descubrimiento y la contemplación en un viaje que puede ser más valioso que cualquier misión. El viaje será largo, eso sí. Y ni nosotros ni nuestros tataranietos estaremos aquí para ver lo que encuentra.

    Fuente: El Confidencial