Widget Image
QUIENES SOMOS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna

Sorry, no posts matched your criteria.

Sign Up To The Newsletter

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet

    Un hallazgo en Turquía da pistas sobre la existencia del Arca de Noé

    Un equipo internacional de arqueólogos ha iniciado las primeras excavaciones en el monte Ararat, donde una extraña formación de 160 metros podría revelar el paradero del barco

    Redacción

    Durante décadas, determinadas formaciones del paisaje han alimentado preguntas que se encuentran en la frontera entre la arqueología, la geología y la tradición religiosa. Algunas han sido descartadas con el paso del tiempo; otras continúan generando investigaciones porque determinados rasgos parecen difíciles de explicar a simple vista. En Turquía, una estructura concreta lleva más de medio siglo ocupando ese espacio de incertidumbre.

    Se trata de la formación Durupinar, situada en la provincia de Ağrı, al este del país, en una zona próxima al monte Ararat. Su silueta alargada recuerda a la de una embarcación y sus dimensiones, de alrededor de 160 metros, han contribuido a relacionarla con la descripción bíblica del Arca. La estructura fue identificada en fotografías aéreas en 1959 y desde entonces ha sido examinada en numerosas ocasiones.

    La investigación actual pretende responder a una cuestión fundamental: si lo que parece observarse desde el exterior también tiene una explicación coherente bajo la superficie. El proyecto, dirigido por el arqueólogo Cenker Atila, de la Universidad Cumhuriyet de Sivas, cuenta con autorización oficial turca y reúne a investigadores de distintos países. Durante la campaña de 2026 se han utilizado técnicas de cartografía de precisión, radar de penetración terrestre y extracción de muestras mediante perforaciones. La universidad turca señala que los trabajos de campo comenzaron el 29 de junio y que los análisis de las muestras continuarán durante el invierno, con los resultados previstos para 2027.

    Uno de los datos que ha despertado mayor interés procede precisamente de esas perforaciones. El equipo de investigación sostiene que ha realizado más de una docena de sondeos y que no habría encontrado roca madre en los puntos examinados. En su lugar, se habría recuperado un suelo oscuro y rico en materia orgánica que ahora deberá analizarse en laboratorio.

    Ese resultado, sin embargo, tiene una interpretación mucho más limitada de lo que algunos titulares pueden sugerir. Encontrar tierra con abundante materia orgánica no demuestra por sí mismo la existencia de madera antigua, mucho menos la de una embarcación.

    Aquí aparece la principal dificultad para la hipótesis del Arca. La formación Durupinar no es un descubrimiento reciente y existe una explicación geológica publicada hace décadas para su peculiar aspecto.

    En 1996, los geólogos Lorence Collins y David Fasold publicaron en Journal of Geoscience Education un estudio en el que concluyeron que la estructura podía explicarse como una formación rocosa natural. Su análisis relacionaba la apariencia de barco con capas sedimentarias inclinadas y una estructura geológica conocida como sinclinal de doble buzamiento, posteriormente modificada por procesos erosivos. También cuestionaba interpretaciones anteriores de supuestos restos metálicos, madera petrificada y piedras utilizadas como posibles “anclas”.

    Por eso, las nuevas perforaciones no parten de un terreno científico sin antecedentes. Lo que tendrán que determinar es si las estructuras detectadas mediante las técnicas actuales aportan algo que no pueda explicarse mediante la geología conocida del lugar.

    El análisis de las muestras será especialmente importante. Los investigadores buscan indicios de actividad humana y materiales que pudieran relacionarse con madera degradada. Pero para convertir una posibilidad en una evidencia arqueológica sería necesario encontrar elementos mucho más concluyentes: restos de madera trabajada, uniones o estructuras artificiales, materiales y, sobre todo, una relación estratigráfica que demostrase que pertenecieron a una construcción.

    La propia organización Noah’s Ark Scans reconoce que sus trabajos actuales son una investigación geofísica y que no autentican ninguna afirmación histórica o religiosa.

    De esta manera, Durupinar vuelve a estar en el centro de la atención, pero la pregunta sigue abierta. Las nuevas muestras pueden aportar información sobre el origen de la formación y quizá obligar a revisar algunas interpretaciones anteriores. Lo que todavía no permiten hacer es dar por encontrado el Arca de Noé. La respuesta dependerá de lo que aparezca en el laboratorio y, sobre todo, de que esos resultados puedan ser comprobados de manera independiente.

    Fuente: La Razón