El avance puede facilitar la recuperación de vísceras dañadas para reducir las listas de espera de trasplantes, que no dejan de crecer
Redacción
A pesar de que España es referencia mundial en trasplantes, cada año miles de personas se quedan sin recibir el riñón donado que necesitan. Lo mismo sucede con otros órganos. Y a nivel global el problema es muchísimo más grave, con millones de afectados y unas listas de espera que no dejan de crecer por el envejecimiento de la población.
En Estados Unidos, diecisiete personas mueren cada día esperando un riñón trasplantado, y cada nueve minutos se suma un paciente más a la lista de espera. La situación amenaza con colapsar los sistemas de salud dentro de unos años. Hoy, un avance biomédico liderado por investigadores españoles abre una nueva vía para aliviar las listas de espera de trasplantes usando minirriñones humanos.
Estos organoides empiezan siendo un amasijo de unas pocas células madre, y después crecen hasta ser unas pelotitas algo más pequeñas que la cabeza de un alfiler. En ese momento ya tienen un armazón de células especializadas que se asemeja al de los diferentes órganos del cuerpo, una característica que los hace ideales para estudiar enfermedades o hacer pruebas de toxicología.
El nuevo trabajo da un salto para explorar si estas estructuras también pueden usarse para trasplantes en humanos. Los investigadores han desarrollado organoides de riñón a partir de células madre humanas, los han cultivado y, por primera vez, han demostrado cómo producirlos en gran cantidad y de forma rentable, lo que acerca su futura aplicación a pacientes.
El trabajo lo ha dirigido la bióloga barcelonesa de 47 años Nuria Montserrat, profesora de investigación ICREA en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) hasta hace poco más de un año, y actual consejera de Investigación y Universidades de la Generalitat de Cataluña.
Por primera vez, los investigadores han vuelto a trasplantar estos riñones a los animales vivos a los que se los habían extirpado, y han demostrado su funcionalidad y ausencia de rechazo. El estudio se ha publicado este viernes en la revista especializada Nature Biomedical Engineering. El paso siguiente es ensayar la técnica con vísceras de cadáveres humanos. “Cada año se descartan más de 1.000 riñones que no son aptos para entrar en el proceso de trasplante. Ahora tenemos la oportunidad de usarlos para investigación”. El objetivo final es reducir las listas de espera de trasplantes y aumentar el número de riñones disponibles para su injerto.
Organoides
Fabricar organoides humanos que valgan para estos usos es complejísimo. “Hace 10 años”, detalla Montserrat, “nuestra idea era hacer un riñón humano entero, desde cero, pero es algo muy naíf”. “El riñón es uno de nuestros órganos más complejos, con 23 tipos de células especializadas diferentes”, añade.
Gracias a la colaboración con instituciones repartidas por España, que son el armazón de una futura red (desarrollo de miniórganos en Barcelona, experimentos y trasplantes al cerdo en A Coruña usando máquinas de perfusión fabricadas en Zaragoza, y análisis de la respuesta inmune en el Instituto de Salud Carlos III de Madrid), se ha demostrado esta técnica “como prueba de concepto”.

La escasez global de órganos ha impulsado el uso de vísceras de cerdo para trasplantes en humanos. Hasta ahora, uno de los casos más exitosos había sido el de Tim Andrews, un estadounidense de 67 años al que se le injertó un riñón porcino que previamente había sido modificado genéticamente para eliminar virus y hacerlo más compatible con su organismo. La operación fue un éxito hasta hace apenas unos días, cuando los médicos del Hospital General de Massachusetts se lo extirparon porque estaba dando problemas.
Los organoides humanos se suman ahora como una nueva vía, opina Jordi Ochando, inmunólogo del Carlos III y del Hospital Monte Sinai de Nueva York, y coautor del trabajo. “En muchas ocasiones un paciente no recibe uno, sino varios trasplantes de riñón debido al rechazo. Estas técnicas podrían ayudar a que los injertos sean más compatibles con el paciente y evitar problemas”, explica.
Es la primera vez que se producen minirriñones de calidad en grandes cantidades y con una fiabilidad alta, destaca la bioquímica Elena Garreta, coautora del estudio. “Hasta ahora, con los métodos convencionales podías conseguir crear unos 40 tejidos de este tipo. Ahora, gracias a nuestro sistema, podemos fabricar 30.000 en un solo experimento, y además comprobamos que todos son de alta calidad”, señala. Aún quedan años de trabajo por delante, pero este avance abre muchas puertas hacia aplicaciones terapéuticas, opina.
Fuente: elpais.com

