Carme sufrió una picadura de un insecto en sus vacaciones en Canarias. Meses después, su caso se ha convertido en un hito médico realizado en el Hospital Vall d’Hebron
Redacción
Una simple picadura de insecto durante unas vacaciones en Canarias desencadenó una cadena de hechos médicos sin precedentes que culminaron con el primer trasplante de cara del mundo con una donación procedente de eutanasia. La paciente, Carme, desarrolló una sepsis tan grave que afectó a su rostro y le cambió la vida para siempre. Pero también marcó un antes y un después en la historia de la medicina.
El Hospital Vall d’Hebron de Barcelona fue el escenario de esta operación histórica, que ha sido definida como la más compleja y pionera realizada hasta ahora en su ámbito.
En julio de 2024, Carme disfrutaba de sus vacaciones en las Islas Canarias cuando fue picada por un insecto. Lo que parecía un incidente menor derivó en una infección que rápidamente escaló hasta convertirse en una sepsis severa, una condición médica crítica que le obligó a luchar por su vida durante dos largos meses.
El proceso infeccioso desencadenó una necrosis masiva que afectó a tejidos vitales del rostro: boca, lengua, músculos faciales e incluso la piel. El daño era tan severo que impedía a Carme comer, respirar correctamente y llevar una vida normal.

En diciembre de ese mismo año, Carme acudió al Hospital Vall d’Hebron, donde fue atendida por el equipo del doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados. Tras evaluar las posibilidades, se le ofreció una alternativa radical pero esperanzadora: un trasplante facial parcial.
Carme aceptó. Y así comenzó una carrera contrarreloj por encontrar una donante compatible y preparar uno de los procedimientos quirúrgicos más complejos del mundo.
En paralelo, otra paciente del hospital solicitó la Prestación de ayuda para morir (Pram) por motivos genéticos. En un gesto profundamente altruista, expresó su deseo de donar sus órganos, incluyendo, si era posible, el rostro.

Gracias a esta decisión consciente y planificada, el equipo médico pudo realizar una planificación 3D simultánea de la cara de la donante y la receptora. Este nivel de detalle y coordinación solo fue posible por tratarse de una eutanasia programada, que permitió modelar digitalmente la estructura facial y anticipar con precisión quirúrgica todos los pasos.
Fuente: El Día