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    Paul Kelley, el pintor que fotografía

    Redacción

    Cuesta diferenciar su pintura de una fotografía, porque su arte logra traspasar el lienzo para transformar a sus musas en auténticas modelos de la sensualidad. Aunque es poco conocido, lo cierto es que Paul Kelley es un artista canadiense que nació en Nueva Escocia en 1955. Su formación la recibió en talleres de arte bajo la tutela de Chris y Mary Pratt en 1972, y participó en el Programa de Bellas Artes en la Universidad de Mount Allison en Sackville, New Brunswick de 1973 a 1975.

    Actualmente vive y trabaja en Lahave, Nueva Escocia. El arte nunca fue parte de su existencia durante su infancia. Aparte de un par de dibujos al carbón, y un grupo de grabados coloreados que su abuelo trajo con el a casa desde Bélgica en 1918, el único arte original que entró en casa es el que traían de la escuela.

    Sin embargo, por alguna razón, la necesidad de crear siempre estuvo presente en Paul Kelley. Su pasión por la pintura y su entusiasmo por la vida son evidentes en su extensa obra. Acerca de su arte, el propio pintor afirma que «es algo que yo vivo, no es algo que yo haga. Ser artista no es un trabajo. Es un estilo de vida o una vida. Espero que lo que creo sea único para mi». Es un trabajo de amor. Cada pintura es el resultado de cientos de horas de trabajo manipulando cuidadosamente la luz y las formas, el color y la composición, hasta crear esas imágenes apasionadas y seductoras.

    Su estilo de vida tranquila y apacible contrasta con el agudo sentido de Paul hacia los elementos fundamentales de la belleza y el encanto sensual. Paul entiende y expresa la sutil diferencia entre «belleza sensual» y «erotismo sexual». Que una imagen sea sensual solo significa que hace un llamamiento a los ojos y al corazón.

     «Siempre he considerado mi obra como una celebración de la figura femenina y un retrato de la imponente presencia visual de la mujer en nuestro mundo, además de su humanidad y su intelecto. Creo que es importante apreciar la belleza como un fin en si mismo. Es tan simple como ser capaz de pararse y contemplar la belleza de la salida del sol, independientemente de lo que el resto del día tiene guardado en su almacén; y tan complicado como la superación de nuestro preacondicionamiento al deseo de ver más de lo que vemos. La alegoría y la metáfora existen en mis pinturas, o al menos espero que lo hagan, pero la belleza y la gracia de la forma femenina en mi obra pretende transmitir precisamente eso», relata.

    La obra de Paul Kelley es figurativa y realista, o tal vez hiperrealista, pues sus pinturas muchas veces nos pueden parecer fotografías. Él utiliza una serie de fotografías que le ayudan a conseguir la dirección que quiere dar a sus trabajos. Primero dibuja y hace el boceto del cuadro para más tarde ir aplicando el color hasta terminarlo. En su web muestra el proceso de una de sus obras para la cual empleo 1.200 horas. Muchas de sus pinturas encuentran la inspiración cerca de su casa, tanto en paisajes como en retratos más familiares, dando un pequeño giro a sus temas más recurrentes. Con el tiempo el color ha ganado en intensidad y presencia en la obra de Kelley, algo de lo que el está satisfecho.

    Paul Kelley no está muy presente en las redes sociales como otros artistas más contemporáneos. Su web es casi la única vía para conocer su obra y seguir su evolución, pero sin duda es más que suficiente, pues está perfectamente documentada y estructurada. De la misma forma su presencia en galerías es limitada. A principios de 1990 se alejó en parte de exposiciones y comenzó a tratar con individuos y corporaciones directamente. Aunque esta relación directa entre el artista y el cliente ha sido más exigente y requiere mucho más tiempo, se ha demostrado que es el ápice de la carrera de Paul que le empuja hacia nuevas direcciones y mayores niveles de excelencia.

    Fuentes: Artepintu y PaulKelley