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    Pedro Mari Sánchez: «Es imprescindible que empecemos a contarnos las cosas buenas que ocurren cada día»

    La cámara se enamoró de él cuando era un niño y, casi 60 años después, sigue cautivando al público cada vez que pisa la escena. No hay mejor palabra para definirle que Artista. Así, con mayúscula.

    Irma Cervino / NoticiasPostivas.press

    Pedro Mari Sánchez (Ciudad Real, 1954) es actor de cine, televisión, teatro y director de espectáculos pero, por encima de todo, un hombre enamorado de su oficio.

    Es imposible concentrar en esta entrevista una carrera tan prolífica que empezó el día que se metió en la piel de Críspulo, el hijo travieso de ‘La Gran Familia’, y que, todavía hoy, le sigue acompañando, tal vez, para recordarle que uno nunca deja de ser niño.

    La música también ha sido banda sonora importante de su vida. En los setenta, actuó en ‘The Rocky Horror’, el musical más transgresor de la época, y compuso ‘Soñé que te quería’, que llegó a convertirse en un éxito musical de ventas y de público. En cine, fue elegido por el mismísimo Stanley Kubrick para doblar al protagonista de ‘La naranja mecánica’ y, años más tarde, protagonizó ‘Esposados’ (1996), la película del canario Juan Carlos Fresnadillo, nominada a los Oscar.

    También interpretó a Ontiveros en ‘No habrá paz para los malvados’ (2011), con la que su director Enrique Urbizu se llevó seis Premios Goya.

    Cada personaje que ha entrado o que ha salido de Pedro Mari Sánchez ha dejado huella. En él y en los espectadores. Desde el ya mencionado Críspulo, hasta los malísimos Bretón (‘Cuéntame’) y Fonseca (‘La Verdad’), dos éxitos de televisión. En este medio, donde también se mueve como pez en el agua, participó en la década de los sesenta en la serie de terror ‘Historias para no dormir’ de Narciso Ibáñez Serrador.

    Los clásicos son uno de sus fuertes. Ha representado a los autores más diversos: Calderón, Lope de Vega, Shakespeare, Antonio Gala y García Lorca, entre otros.

    Y, cuando pensábamos que ya lo había hecho todo, Pedro Mari creó el proyecto de su vida Excelencia de la palabra, en el que trabaja todos los aspectos del discurso, desde la oralidad hasta el relato personal aplicado al discurso, pasando por la gestualidad y el peso necesario que se debe tener frente a un auditorio. Es su faceta como docente. Le encanta y él encanta a su nueva audiencia.

    Actualmente, y como es imposible encontrarle sin hacer nada, prepara su nuevo espectáculo ‘La palabra de Oro’, que estrenará el próximo día 18 de junio en el Corral de Alcalá.

    Es inevitable recordar a Críspulo, su primer personaje. ¿Conserva algo de él?

    Me identifico mucho con él. Si Críspulo hubiera crecido en la ficción, creo que ahora sería bastante como yo que soy un gamberro muy serio, atrevido y fantasioso. Lo recuerdo con muchísimo cariño y me acompaña todo el tiempo. Acompaña al otro niño que soy yo.

    De un personaje tan despiadado como el policía Bretón de la serie ‘Cuéntame’ ¿también llega a quedarse algo en el actor?

    Pues la verdad es que no me identifico personalmente nada con ese personaje. Los actores tenemos que trabajar, inevitablemente, con toda nuestra capacidad de encarnar cosas que no somos. En la vida, todos llevamos bien y mal dentro de nosotros mismos. Llevamos un ser pacífico y un ser agresivo; un ser generoso y un ser mezquino. Lo que hacemos con los años es ir conformando una determinada personalidad, una actitud ante la vida. Como yo trabajo intentando Indagar y ahondar en el alma humana, de alguna manera, estoy más o menos acostumbrado a mirarme un poco más en el espejo y descubrir esas partes que no son tan agradables.

    Después de casi 60 años trabajando, creando y actuando ¿no está cansado? ¿Cómo hace para afrontar cada proyecto con el mismo optimismo e ilusión que el primer día?

    Tengo la gran fortuna de dedicarme a algo que adoro. Me dedico a eso que amo profundamente que es la escena. Se suele decir que el teatro o que el cine son falsos pero no lo son. Como los sueños, forman parte de otra realidad. Aquello que interpretamos encima de un escenario está o debe estar lleno de compromiso y yo lo tengo. Claro que a veces me canso, pero por las cosas generales de la propia vida. Lo que hago me proporciona alegría porque es una actividad llena de juegos, de indagación, donde mi curiosidad insaciable tiene campos variados e infinitos de exploración. Es un trabajo hermosísimo en el que desnudo mi alma y la pongo delante de la gente, Es normal tener días en los que te puedes sentir cansado y momentos en los que te falta energía pero, en mi caso, no me suele durar más de un día o dos. Siempre digo: «A ver, si tengo un determinado objetivo, tengo que hacer algo» y, entonces, lo formulo verbalmente, de manera que me ayude a poder realizarlo y a levantarme. Lo que procuro es hacer lo más razonable que es ir peldaño a peldaño y no mirar la escalera entera.

    Tengo la gran fortuna de dedicarme a algo que adoro

    Usted es lo que se dice un tipo positivo, ¿no?

    Sí, soy un tipo animado y positivo, pero no es mérito mío. El entorno y las circunstancias influyen. Muchísimas veces en este trabajo al que me dedico de crear proyectos y presentarlos me han dicho que no. Pero, cada vez que se me ocurre una idea nueva, la emprendo con la misma ilusión. En este sentido, pienso en un niño o una niña de un entorno absolutamente empobrecido, donde es muy complicado sobrevivir pero ellos tienen una alegría vital tremenda. Sin embargo, a pesar de esa actitud positiva, la mayoría de ellos no salen adelante porque el entorno no les permite hacerlo y eso a mí me produce una enorme tristeza.

    ¿Cree que la situación actual del mundo es propicia para cultivar una actitud positiva?

    Tenemos que mantener esa llama, ese fuego porque es verdad que el mundo está pasando por un momento muy duro. Ocurren cosas muy tremendas, pero no podemos dejar de ver las cosas hermosas que ocurren también cada día.

    La sociedad se ha polarizado. O eres de este o del otro. ¿Le preocupa el enfrentamiento permanente?

    Precisamente, el otro día hablaba de eso. El espectáculo que estoy preparando actualmente es un proyecto que va dentro de otro proyecto que es un Festival de Teatro Iberoamericano del Siglo de Oro y hay dos administraciones, gobernadas por distintos partidos políticos que son normalmente enemigos acérrimos, que han colaborado y han permitido que esto salga adelante. Esto es una grandísima noticia. Cada vez que dos representantes de la sociedad que están en esa lucha absurda por mantener sus puestos de privilegio o su negocio colaboran es una buena noticia. Y ocurre más veces de las que nos enteramos o se cuenta. Es imprescindible que empecemos a contarnos cosas buenas, las cosas buenas que pasan cada día. Perder el prejuicio de que digan que esto es naif. Claro, es encantadoramente inocente aprender a convivir. Ese es el objetivo final de la vida. Crear pensamiento positivo, tiene que ver con eso, con apreciar de verdad las cosas buenas que nos pasan y a las que no les damos importancia.

    Usted que trabaja con la palabra y ahora enseñando su excelencia, ¿la ve como una herramienta maravillosa o como un arma que se lanza como dardos?

    La palabra crea mundos extraordinarios y mundos de horror. La construcción del mundo surge a partir de la verbalización del propio mundo. Es decir, a partir de que el ser humano fue capaz de ponerle un nombre a un objeto celeste, a un árbol o a un animal. Ese objeto, ese animal o ese ser vegetal existía pero, mientras no tenía nombre, realmente no existía en el mundo consciente. Lo que quiero decir es que las palabras tienen un poder enorme para crear y para destruir. George Lakoff, que es uno de los grandes investigadores de lingüística del mundo, lleva años alertando del poder que tienen las palabras que decimos cada vez que hablamos en la radio o en la televisión. Tienen poder para crear bien en el mundo. El mismo que tienen para crear mal. Es el uso que le demos lo que construye o destruye.

    Si tuviera que elegir tres palabras para llevarse a una isla desierta ¿cuáles serían?

    Me llevaría todas las palabras porque todas están dentro de mi, en mi cabeza y dentro de mi conciencia, así que todas me acompañarían para bien o para mal.

    Estamos hablando de la palabra de lo que decimos pero ¿cuál es la importancia de escuchar?

    Una de las cosas que les digo siempre a mis alumnos, ya sean estudiantes de la Facultad de Economía y Empresa o sean altas directivas o una CEO de una multinacional es: aprender a hablar es aprender a escuchar. No es esperar turno para decir lo que tenemos que decir. La escucha es imprescindible porque cultiva la paciencia, cultiva el buen carácter, y cultiva la consideración y el respeto hacia los demás.

    Qué importante es la comunicación y el contacto entre las personas. Muy pronto usted recuperará esa cercanía con el público cuando estrene su nuevo espectáculo. ¿Qué siente?

    Una emoción inmensa porque sé que la gente está, bueno en realidad todos estamos, verdaderamente necesitados de conectarnos de nuevo. Lo más parecido a estar cerca del público fue el otro día durante uno de los ensayos de ‘La palabra de Oro’ donde estaba todo el equipo y, sin duda, fue muy emocionante.

    La escucha cultiva la paciencia y el respeto hacia los demás

    ¿Qué es La palabra de Oro?

    Es una oportunidad de verbalizar las palabras del Siglo de Oro y su área de influencia. De observar la realidad del comportamiento humano de manera lúcida y valiente. De hacer lo que yo he llamado un acto de amor a la escena, a la mujer, a la vida. Es un acto de reconciliación del ser humano y coincide con un momento propicio para recuperar la mirada humana en un mundo que, a veces, es extremadamente duro y cruel. Y esa mirada humana está observando a la mujer como el futuro para la especie humana. Ella es quien realmente puede significar la creación de una convivencia y de una paz por reparar una injusticia.

    Suena a algo contemporáneo

    Es absolutamente contemporáneo, un espectáculo lleno de sutileza y salvaje al mismo tiempo. Pero también es un espectáculo lleno de optimismo, en el mejor sentido de la palabra. Aunque pasan todo tipo de horrores, cosas buenas y malas, al final se sale porque hay una voluntad para hacerlo. Creo que va a emocionar al público porque parte de una convicción real y es que la convivencia, que es la gran asignatura que tiene nuestra especie, pasa por determinados reconocimientos de errores y la decisión de ser mejores.

    LA PALABRA DE ORO
    
    El próximo 18 de junio el actor y director Pedro Mari Sánchez estrena en el Corral de Alcalá (Madrid) 'La palabra de Oro', un espectáculo que ha creado por encargo del Festival Iberoamericano del Siglo de Oro, junto a Pedro Yagüe en la iluminación, Ana Garay en la escenografía y Susana Cantero, como colaboradora en la selección de textos y dramaturgia y ayudante de dirección. 'La palabra de Oro', producción de la Comunidad de Madrid para este Festival, ofrece un recorrido vital y metafísico de la consciencia humana en la literatura del Siglo de Oro.  
    
    El poder, el sexo, la sangre, Dios, el modelo del mundo, con una figura en el centro de todo: la mujer. En el Siglo de Oro se escribió acerca de estos temas con una lucidez y una modernidad difícilmente superables.  La defensa de la mujer, el abuso del hombre sobre ella, el abuso sexual intrafamiliar, el autoritarismo desde el poder absoluto, quedan, desde entonces, enmarcados en el paradigma de nuestra cultura judeocristiana, el mito angélico y la necesidad del yo trascendente frente a la muerte.  
    
    El espectáculo creado por Pedro Mari Sánchez se articula a través de textos teatrales, poemas y prosa que conforman un discurso poderoso de pulso absolutamente vivo y lenguaje teatral contemporáneo, que sale a borbotones, como la sangre, y es tratado con el rigor formal, cuidado y, también, libertad que merece el mejor español que se haya escrito nunca.