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    Ousman Umar: “Necesito contar esta historia para que no haya más historias como esta”

    Acaba de recibir el Premio Fundación Princesa de Gerona por su labor en la “construcción de un proyecto transformador que aúna educación, tecnología y alianzas aportando soluciones al fenómeno migratorio”

    Redacción

    Ousman Umar nació en Techiman (Ghana) y a los trece años emprendió un viaje hacia Europa en busca de un futuro mejor. Cuatro años después, tras cruzar el Sáhara a pie y el mar en patera, y tras haber visto morir a la mayoría de sus compañeros de viaje, llegó a España. Tras varios meses durmiendo en la calle, una familia lo acogió. A partir de ese momento comenzó sus estudios, aprendió inglés, español y catalán.

    Ousman es el fundador de Nasco Feeding Minds, una ONG desde donde se desarrollan proyectos educativos y aulas informáticas en zonas rurales de Áfria, y que pretende dar a conocer los problemas de la inmigración y propone la formación en nuevas tecnologías como la mejor salida de la pobreza. En 2019, publicó el libro Viaje al país de los blancos (Plaza & Janés, 2019), donde relata su viaje a Europa. Actualmente, trabaja a tiempo completo para su ONG e imparte conferencias en empresas y escuelas de todo el mundo.

    Desde pequeño, Ousman se planteaba si el mundo en qué vivía se terminaba ahí, en las fronteras de su aldea. Con tan solo 9 años, fabricaba sus propios juguetes y se juntaba en la plaza con sus amigos. “Siempre veía un avión que volaba. Yo no entendía por qué ese avión era capaz de volar, y mi juguete no. Me dije que el avión lo habían fabricado los blancos, que dentro solamente volaban los blancos… fue cuando empecé a preguntarme: ¿quiénes son los blancos? ¿Por qué están tan capacitados de hacer todo esto y yo no?”, explica. “Si es verdad que dentro del avión va gente, eso quiere decir que podemos ver más allá de la frontera de mi pueblo”, recuerda que pensaba. Fue entonces cuando su padre le llevó a la ciudad, a 18 millas de su casa.

    Allí empezó a expandir sus horizontes, y su curiosidad. Con 12 años, decidió emprender un peligroso viaje de camino a España. Cruzó el desierto del Sahara a pie durante tres semanas, y se embarcó al mar en manos de las mafias y sus pateras. “Cuando cogí la primera patera, se hundió y mis compañeros y amigos se ahogaron todos. Fue cuando pensé que había embarcado en una guerra demasiado radical. Pero ya estaba ahí, con el agua hasta el cuello, y no había vuelta atrás”, recuerda. “Una vez llegas, te coge la policía y te meten en un CIE. Como era menor, me mandaron a Málaga y luego me preguntaron en qué lugar de España quería residir, y yo lo único que sabía decir era Barça”, cuenta. “Tuve la gran suerte de volver a nacer. Una mujer a quién conocí preguntando durante mis meses viviendo en la calle en Barcelona, terminó acogiéndome junto con su marido como mis tutores legales hasta los 18 años. Entonces, tuve una familia. Descubrí que los blancos no sois médicos por el simple hecho de ser blancos, tampoco sois científicos… sino que hay lo que se llama educación” subraya.

    Ousman recuerda de manera especial la primera noche que durmió en casa de sus padres de acogida. “De repente tenía agua caliente, comida, ropa limpia… Después de cenar, mi madre me puso en la cama como si fuera un niño de 5 años y me dio un beso en la frente. No podía parar de llorar y empecé a cuestionarlo todo. Por qué, por qué yo… hasta que al día siguiente llegué a la conclusión de que la pregunta no era ‘por qué’, sino ‘para qué’. Para qué me serviría toda esa experiencia que había adquirido. Y descubrí que era para dos cosas: para dar voz a mis compañeros que no han llegado y los que siguen muriendo cada día, y segundo, para trabajar en el origen del problema que es dónde está la solución, para evitar que futuras víctimas caigan en esta trampa infernal”, cuenta.

    Ahí empezó a trabajar para fundar Nasco. “La primera persona a quién expliqué el proyecto fue a mi hermano, que vive allá. Le dije que lo que tenía que hacer era alimentar su mente, porque el auténtico paraíso está en su casa. Hay muchos niños que siguen pensando que Europa es el paraíso. Tenemos que hacer algo para extrapolar esto. Y lo primero que pensé es en crear aulas informáticas en las escuelas, porque si tienes un ordenador, en cualquier rincón del mundo, puedes saber qué ocurre en todas partes. Es una ventana potentísima para visibilizar y para informarte de lo que ocurre. Educar, básicamente”, explica.

    Arrancar no fue fácil, pero la perseverancia y la ilusión de Ousman le han llevado a conseguir que Nasco esté presente en más de 23 escuelas de Ghana, con 15.000 jóvenes que han completado su formación. Nasco ofrece también un programa de becas universitarias, acciones de sensibilización medioambiental, talleres de higiene para evitar enfermedades que reduzcan el absentismo escolar y dirige una cooperativa de miel para dar empleo a las madres del alumnado.  “Cada uno de nosotros somos los presidentes de nuestro mundo. Nos engañan haciéndonos creer que ‘Tú no puedes hacer nada’. No. Tú eres el secretario general de tu mundo. Depende de la acción de cada uno para que este mundo cambie. Empieza por lo más pequeño. Así de simple. Si yo soy el presidente de mi país, es mi responsabilidad que, por lo menos, una escuela tenga un ordenador”. Con su incansable actitud de cambio, Ousman insiste pensando en jóvenes que, como él en su momento, no lo tienen fácil: “Lo único que me ha ayudado a estar aquí hoy, ha sido fruto de formarme. La mejor manera de salir del pozo es mediante la educación. Aunque estén viviendo en la calle, que aprovechen la luz de los fanales para estudiar”.

    La educación es la clave para ver el mundo de otra manera y mejorar la sociedad

    Su inquietud y coraje le motivaron para hacer realidad su sueño de llegar al continente. Pero el viaje no fue fácil: llegó a Libia cruzando el desierto con una mafia de tráfico de personas. De 46 que iniciaron el viaje, solo 6 llegaron al destino final. Una vez en Libia, trabajó durante 5 años para conseguir el dinero suficiente para retomar el viaje. El trayecto le llevó 10 años y tuvo que cruzar en camión, todoterreno, autobús, a pie y en patera un total de siete países, incluido el desierto del Sáhara y el océano que separa las costas de Mauritania y las islas Canarias.

    Finalmente, llegó a Barcelona el 24 de febrero de 2005, hace ya 21 años. Tal como explica Ousman, en la ciudad condal tuvo la suerte de encontrarse con una familia de acogida que le ofreció la oportunidad de acceder legalmente a un trabajo y educación.

    Fuente: Fundacionadsis.org/ Nascoit.org / Fpdgi.org.