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    Los fascinantes hallazgos sobre el microbioma humano en comunidades remotas de Sudamérica

    La microbióloga Gloria Domínguez publicó su investigación en la revista Cell, en 2016, donde ofrecía algunos detalles de una visita que hizo, hace varios años, a un poblado amazónico

    Redacción

    Hace 25 años, la microbióloga caraqueña María Gloria Domínguez Bello comenzó a hacer estudios con comunidades indígenas. La experiencia ha sido muy reveladora. Y no sólo en términos científicos. Domínguez enseña bioquímica y microbiología en EE.UU. y es una de las líderes de un proyecto que busca crear un «arca de Noé microbiana», un banco de microbiota, para proteger la salud a largo plazo. Su carrera como investigadora comenzó en 1982, cuando era universitaria en Venezuela.

    Al hablar sobre sus incursiones en la selva sudamericana es evidente su entusiasmo y su agradecimiento con las poblaciones que le han permitido a ella y a sus colegas entrar para conocer cómo viven. «Tenemos mucho que aprender de ellos», dice con admiración.

    En un artículo que escribió para la revista Cell en 2016 Domínguez ofreció algunos detalles de una visita que hicieron, hace varios años, a un poblado en el Amazonas.

    El primer día se concentraron en la presentación formal del equipo de investigadores ante los líderes y la comunidad, quienes habían aprobado su llegada con anticipación, y en comunicarles su objetivo. «Ellos están familiarizados con los gusanos intestinales, algunos de los cuales son visibles. Les explicamos que hay una vida diminuta más pequeña que los gusanos: microbios en español y portugués, en el intestino, la boca, la piel, la vagina, unos pocos dañinos, pero en su mayoría buenos y que todavía no entendemos su función». «Les hacemos saber que los pueblos tradicionales como ellos parecen tener un conjunto de microbios más diverso que el nuestro y que queremos entender por qué» señala la bióloga.

    «La búsqueda de microbios me ha llevado a viajes a través de los intestinos de roedores, rumiantes, pájaros y humanos, a través de sabanas y selvas en América del Sur y, más recientemente, en África», contó en el artículo de Cell, que tituló: A Microbial Anthropologist in the Jungle (Una antropóloga microbiana en la selva). Y es que, según le explica a BBC Mundo, su enfoque como microbióloga de poblaciones humanas ha sido muy antropológico. «Mucho más que estudiar enfermedades, las preguntas que me hago son: ¿Por qué tenemos esto? ¿De dónde vino esto? ¿Cuándo adquirimos esta simbiosis?»

    Uno de sus proyectos de investigación está enfocado en el microbioma de pueblos aislados. Estudia microbiotas que no han sido afectadas por factores como los antibióticos, las cesáreas o el exceso de limpieza.

    MARÍA GLORIA DOMÍNGUEZUNIVERSIDAD RUTGERS
    Foto: OSCAR NOYA

    En ese país ha estudiado diferentes comunidades indígenas como los piaroas, los guahibos, los yekwanas, los waraos y los yanomamis. «Los primeros estudios fueron nutricionales y los hicimos en colaboración con antropólogos», cuenta. «Estudiábamos poblaciones de diferentes etnias cerca de Puerto Ayacucho, la capital del estado Amazonas, en Venezuela». El interés inicial era comprender su dieta, pero pronto surgió otro: «¿Cómo es posible que estas personas tengan tantos parásitos y sean asintomáticos?»

    Mayor diversidad

    Sus estudios con algunas poblaciones indígenas reflejan una notable diversidad de microbiota entre sus miembros. Y es que muchos de los individuos que estudió en esas comunidades, «casi la totalidad, tenía protozoarios diversos». «Encontramos que su estado nutricional, por lo menos en las poblaciones tradicionales indígenas, era excelente». «La naturaleza les provee la dieta en abundancia, cultivan en sus jardines y van al río».

    La situación cambia dramáticamente para muchos indígenas que se trasladan a los centros urbanos: «A medida que se mueven a las ciudades, ves el otro extremo: obesidad y malnutrición».

    También «quería entender cómo son las microbiotas asociadas a la pérdida de la dieta tradicional y a la transición a dietas mucho menos saludables, altas en grasas y en carbohidratos, sin fibra».

    En las comunidades más remotas, cuenta, han podido obtener, de sus integrantes, muestras de diferentes partes del cuerpo (piel, nariz y boca), tomadas con hisopos. «En las heces de los yanomamis muy aislados hay casi el doble de la diversidad bacteriana que la que tenemos nosotros».

    Los billones de virus que viven en tu cuerpo ayudan a mantenerte vivo

    dra. Domínguez

    Tras analizar su «microbioma bacteriano fecal, oral y cutáneo», Domínguez y su equipo encontraron que «albergan un microbioma con la mayor diversidad de bacterias y funciones genéticas jamás reportada en un grupo humano». Pese a su aislamiento y «sin exposición conocida a antibióticos, albergan bacterias que portan genes funcionales de resistencia a los antibióticos, incluidas las que confieren resistencia a los antibióticos sintéticos». Aunque los autores reconocían que el tamaño de la muestra era pequeño, destacaban que los resultados sugerían que «la occidentalización afecta significativamente la diversidad del microbioma humano».

    Los nocivos efectos de los alimentos ultraprocesados en la salud, según dos nuevos estudios «Todas esas prácticas modernas parecieran estar causando una pérdida de la diversidad (de la microbiota) y con eso se pierden funciones». «Paralelamente hay asociado un aumento en enfermedades inmunes y metabólicas con los estilos de vida modernos, urbanos, y pensamos que las dos cosas están unidas causalmente». «Estamos perdiendo funciones importantes que la microbiota tiene y si ese impacto sucede muy temprano en la vida, lleva al mal desarrollo, a la mala educación del sistema inmune y del sistema metabólico».

    Advierte que determinar la causalidad en humanos es muy complicado y hacer ensayos clínicos con personas es muy costoso. Por eso, el primer paso ha sido experimentar con ratones.

    Convivir con comunidades indígenas también le ha permitido conocer los hábitos de limpieza de algunas de ellas. «Se bañan muchísimas veces al día en el río, los niños se la pasan metidos en el río». «No usan jabón, pero es que para estar limpio te das cuenta de que realmente no necesitas usar jabones». «Dejé de ducharme y la vida continuó»: el experto en medicina preventiva y profesor de Yale que cuestiona cómo y cuánto nos bañamos. «Típicamente, cuando nosotros llegamos, en los primeros días usamos yodo: una gota por litro de agua». «Para el día cuatro, no sabemos dónde lo dejamos. En lugar de ir al río, que queda lejos, terminamos consumiendo el agua que tienen ellos almacenada». «Todos los niños de la comunidad juegan con esa agua, meten las manos ahí, algunas veces las manos tienen heces, pero nadie tiene patógenos que transmitir, en parte porque no hay los E.colis de la vacas, la salmonela, no hay patógenos de origen zoonótico y al final terminamos todos bebiendo de esa agua». «Si vamos a estar tres semanas, no vamos a ir al río a buscar agua cada rato y nadie se enferma». «Esa ha sido una gran enseñanza», dice Domínguez.

    Fuente: BBC