Diseñan una fibra con una huella óptica que permite identificar la composición y acelerar el reciclaje textil
Redacción
Si existiera una autopista que transportara todos los residuos del planeta hacia un único vertedero, cada segundo pasaría por ella un camión cargado solo de desechos textiles. Noventa y dos millones de toneladas al año son de productos textiles y aun así, cuando pensamos en reciclaje solemos imaginar botellas, latas o restos orgánicos, no camisetas ni pantalones.
La paradoja es que la industria textil genera el 8 % de las emisiones globales y apenas un 1 % de la ropa que producimos vuelve a convertirse en ropa. Y el gran obstáculo de esto está en su clasificación, y es que las prendas mezclan algodón, poliéster, lana, elastano… y separarlas exige tiempo, mano de obra y procesos costosos.
Pero la naturaleza, que lleva millones de años resolviendo problemas, vuelve a ofrecer una protagonista inesperada. Esta vez, una mariposa y es que las alas de estos insectos no deben su color a pigmentos, sino a nanoestructuras que reflejan la luz de forma distinta según sudisposición.

Es lo que se conoce como color estructural, un fenómeno óptico que el MIT ha decidido imitar para crear un sistema de identificación textil invisible a simple vista, pero perfectamente legible en una planta de reciclaje.
La idea es fácil de entender: quieren fabricar fibras que parecen incoloras, pero que revelan una huella digital única cuando se iluminan con luz infrarroja. Cada tipo de fibra tendría su propio “código”, de modo que una prenda podría escanearse en segundos y clasificarse sin necesidad de etiquetas ni análisis químicos.
En el Lincoln Laboratory del MIT trabajan desde hace años en los tejidos del futuro, materiales capaces de integrar electrónica, sensores o propiedades funcionales.
En este caso, han desarrollado una fibra basada en una preforma compuesta por cincuenta capas alternadas de acrílico y policarbonato. Y que, al calentarse, la preforma se estira como si fuera caramelo, formando filamentos de una micra de grosor con propiedades reflectivas muy específicas.

Una vez trenzados, esos filamentos se convierten en hilos que pueden entretejerse en cualquier tejido sin alterar su aspecto ni su tacto. La cantidad necesaria es mínima, pero suficiente para que cada prenda lleve incorporada su propia identidad óptica.
El objetivo final es crear un hilo distinto para cada tipo de textil: uno para el algodón, otro para la lana, otro para las mezclas sintéticas. Así, cuando la prenda llegue al final de su vida útil, la planta de reciclaje podrá identificarla al instante y separarla sin errores.
Si funciona, este avance podría reducir de forma drástica el impacto ambiental de la moda y convertir el reciclaje textil en un proceso tan automático como escanear un código de barras… y todo esto gracias a una mariposa.
Fuente: La Razón