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    Mar Llopis: «Cuando hacen videollamadas a África, salgo para decirle a sus madres que están bien»

    Desde hace dos años, la dueña del hostal Casa Antonio de San Vicente, en Alicante, acoge migrantes que han llegado en patera y ya la conocen como la «mamá de España». A María del Mar, convivir con ellos le ha cambiado la vida.

    Irma Cervino / NoticiasPostivas.press

    Hasta hace dos años, los huéspedes del hostal Casa Antonio eran personas que llegaban con maletas. Ahora, las habitaciones de la primera planta las ocupan personas que llegan con las manos vacías porque lo único que pudieron salvar de la dura travesía fue la esperanza.

    Abrirles las puertas de «su casa» ha sido para María del Mar Llopis, la dueña de este hostal situado en pleno centro de San Vicente de Raspeig (Alicante), un auténtico regalo. «Me ha cambiado la vida», comenta con ese ánimo con el que acentúa cada palabra.

    En este tiempo, ha acogido a más de un centenar de migrantes, a través de un proyecto de ayuda humanitaria de Cruz Roja. Durante el pasado confinamiento, también se ofreció a abrir sus puertas a los migrantes que llegaban en patera y que, por haber estado en contacto con algún positivo, tenían que guardar cuarentena.

    El hostal que ahora regenta María del Mar lo pusieron en marcha sus padres en la década de los sesenta. Actualmente, y después de algunas reformas de ampliación, 10 de sus 20 habitaciones están ocupadas por migrantes que han arriesgado su vida cruzando el mar en patera de África a Canarias o a la costa peninsular y que el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha derivado a Alicante.

    La mayoría son malienses o cameruneses, como Cristian, el más antiguo de sus huéspedes migrantes y que, después de dos años con ella, ya forma parte de la plantilla del hostal como ayudante de cocina. Este joven de 20 años salió de su país con apenas 12 y tardó cuatro años en llegar a España.

    A Mar se le humedecen los ojos cuando recuerda cómo estaba cuando llegó. En la espalda, latigazos. En el brazo, metralla.

    Mar ¿cómo le ha cambiado la vida desde que decidió alojar a estas personas?

    Muchísimo y en todos los sentidos. Soy una afortunada. Convivir con ellos me ha hecho ver, conocer y entender lo que viven y sufren otras personas. Compartir sus sentimientos. Pero no solo me la ha cambiado a mi. A todos en el hostal.

    La convivencia con estas personas me ha cambiado la vida y la de todos los que trabajamos en el hostal

    ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de ellos?

    Lo que transmiten. Llegan indefensos y con una necesidad muy grande y al convivir con ellos se va desarrollando un sentimiento de familia. Ellos necesitan mucho su familia.

    ¿Usted ha sido su consuelo?

    Mas que consuelo yo diría que es convivencia, que si te necesitan te encuentren, que les dejes que te llamen mamá. Aunque siempre les digo «yo no soy tu mamá, tu mamá está en África pero si quieres soy tu mamá aquí en España». No quiero ocupar el sitio de ninguna madre. Soy madre y no me gustaría que nadie ocupara mi lugar.

    Cuando me llaman «mamá» les digo que ellas están en África que, si quieren, yo soy su mamá de España

    ¿Mantienen contacto con sus familias?

    Por supuesto. De lo que me he dado cuenta en este tiempo es de que para ellos la familia es lo más importante. Y no es solamente su madre, su padre o sus hermanos. Es mucho más. Sus tíos, sus abuelos… Y esa familia cuenta con ellos. Para ellos, la felicidad es que su familia vea que están bien, que conozcan el poder que tienen ellos para adaptarse, trabajar y prosperar. Poder enviar dinero a su familia o traérsela con ellos.

    Debe ser doloroso para para esas familias no saber cómo están, cómo viven en España.

    Mucho. Cuando hacen videollamadas con sus familias, salgo y les digo que sus hijos están bien, que no se preocupen. A ellos les gusta mucho enseñarles dónde están y cómo están. Tranquilizarles.

    Hablamos mucho de los migrantes pero no de cómo son, de su trato, de sus valores. Usted que los conoce bien ¿cómo son?

    Buenas personas. Amables, cariñosos. Respetan a su familia y me sorprende el amor que tienen por los mayores. Aparte del sentimiento que puedan tener conmigo por acogerlos en mi hostal, percibo un inmenso respeto por ser una persona mayor. Me dejan pasar antes por la puerta… Y, sobre todo, valoran lo que reciben. Cuando comen, no quieren dejar nada en el plato.

    Aparte del amor por su familia me sorprende el respeto que tienen hacia los mayores

    ¿Cómo es la relación con el resto de huéspedes?

    Muy buena. Además, a ellos les gustan muchos los niños y, en cuanto llega una familia con niños, se vuelven locos de alegría y quieren jugar con ellos. Les gusta relacionarse. Los domingos juegan partidos de fútbol con un grupo de colombianos. También colaboran de forma voluntaria. En verano participan en limpieza de playas y actividades de este tipo. Les gusta integrarse. Lo bueno de mi casa es que está en el centro del pueblo y ellos pueden ir a cualquier sitio tranquilamente. Es importante que normalicen su situación, después de la tragedia que sufren.

    ¿Qué piensa cuando escucha mensajes xenófobos?

    Lo único que digo es que cuando alguien tenga un brote o un pensamiento negativo que la oración la ponga en pasiva. Que piense qué mal deben estar cuando han dejado a su familia, su arraigo, mucho a sus hijos, todo para buscar una vida mejor. Que piensen en las penurias que sufren en muchos países, algunos son perseguidos. Que piensen que mal lo deben pasar para meterse en una patera con desconocidos y con un final que no sabes cuál será.

    Les gusta integrarse y participan en acciones voluntarias

    Ponerse en su piel

    Exacto. Muchos de ellos recorren miles de kilómetros pensando que aquí encontrarán una vida mejor, más humana. Tenemos que ayudarles en ese camino que quieren hacer porque no todos quieren quedarse en España. La mayoría quiere seguir hacia Francia, Bélgica, Holanda porque allí tienen un tío, un primo o un abuelo. No vienen a quedarse con nada de nadie.

    Usted les ayuda también para que aprendan el idioma.

    Si. Son esponjas y están todo el día con los ojos bien abiertos como si quisieran llenarse y lo aprenden rápido. Hablan el castellano y les encanta.

    ¿Cuál es la palabra que más rápido aprenden?

    Gracias.

    ¿Cuál es el sentimiento que más comentan con usted?

    Uf… Sobre todo, el de haber frustrado un sueño; el de querer seguir avanzando.

    María del Mar agradece la labor de los voluntarios y voluntarias de Cruz Roja que siempre están pendiente de estos huéspedes tan especiales. «Reciben apoyo en todos los niveles. Desde el alojamiento, la manutención, la formación y la orientación profesional para que logren la integración social». El tiempo de estancia es imprevisible. Para ella es lo de menos.

    MIS CHICOS
    Mar nos cuenta una anécdota de su nieta, una niña simpática y divertida que cuando visita el hostal conversa y juega con los migrantes. Un día, la llevaron a un centro comercial en Madrid y allí vio a unos "jóvenes de color" y empezó a gritar: "¡Hola chicos!". Ellos la miraban sorprendidos sin saber qué pasaba. Y ella no dejaba de repetir: "Son mis chicos, son mis chicos". 
    Hubo que explicarle que aquellos no eran "sus chicos".