Científicos españoles desarrollan implantes biocompatibles y transparentes que podrían ser una alternativa a la donación de órganos
Redacción
Investigadores de la Universidad de Granada han creado implantes corneales altamente biocompatibles, resistentes y transparentes a partir de escamas de varios tipos de peces de los que habitualmente se venden en los mercados que, a la vista de los buenos resultados que ofrecen en pruebas con animales, podrían erigirse en una alternativa al trasplante de córnea procedente de un donante humano.
Sus desarrolladores admiten que, al tratarse de una terapia avanzada sometida a la estricta regulación europea para los ensayos clínicos, aún tardará bastante tiempo -”entre 5 y 7 años siendo optimistas”- hasta que estas córneas de escamas puedan probarse en personas. No obstante, confían mucho en que abrirán la puerta a reparar y regenerar la córnea de muchas personas sin depender de las listas de espera que acumulan las donaciones para trasplante corneal humano y sin algunos de los problemas de rechazo que estos plantean.
“Hay casos de personas con un defecto en la córnea o en otras partes del ojo, como el limbo, a quienes no se puede hacer un trasplante corneal, o que se les ha hecho y no ha funcionado, y hay que buscar otra alternativa para ellos, y esta podría ser una”, apunta Miguel Alaminos, catedrático de Histología de la UGR y uno de los desarrolladores de la córnea de escamas.
Pero, ¿de dónde sacaron la idea? “Somos un grupo de ingeniería tisular que llevamos casi 30 años trabajando en la fabricación de tejidos para tratar pacientes, y un día, viendo la escama de un pescado mientras comíamos, pensamos que podía ser un material ideal para una córnea artificial: tenía el mismo tamaño que la córnea humana, es transparente como ella, es resistente pero flexible…”, resume Alaminos.
Lo cierto es que ese grupo de investigación ya tiene en marcha dos ensayos clínicos con otra córnea artificial con la que se han tratado 17 personas con graves problemas de ceguera, además de una piel artificial autorizada por la Agencia Española del Medicamento para tratar a grandes quemados, y un paladar artificial que se está probando en niños que nacen con el suyo hendido.
PROCESO TRANSFORMADOR
Así que cuando les surgió la idea de convertir una escama en una córnea aún más biocompatible, se afanaron en probar cómo funcionarían las de los pescados más comunes en el mercado: sardina, sargo, gallineta, salmón y carpa. “Casi todas han funcionado bastante bien, pero si nos tuviésemos que quedar con una de las evaluadas, sería la de carpa, que ha resultado ser más resistente, más transparente y más biocompatible”, comenta el investigador.
Y asegura que el proceso para transformar una escama en córnea artificial “es sencillo pero complejo”. En primer lugar, se selecciona una escama de la forma y tamaño requerido. A continuación, en el laboratorio, la descelularizan, es decir, mediante detergentes y enzimas quitan todo lo que no quieren de la escama, como los restos de epitelio y de células del animal. A continuación, con una solución ácida, eliminan también la capa mineral que tiene la escama. Y tras lavarla, la “recelularizan”, añadiendo las células del epitelio corneal para que vivan sobre esa estructura de colágeno. ”Lo hemos evaluado en el laboratorio y lo hemos probado con conejos y esa córnea artificial funciona; ahora habrá que probarlo en personas”, apunta Alaminos.
Admite que para eso aún falta: “La primera córnea artificial que desarrollamos (hecha con células de córnea humana y un biomaterial de fibrina y agarosa) tardó unos 10 años en llegar a un paciente porque los trámites europeos son lentos y muy garantistas; el tejido de piel artificial, nos llevó 7 u 8 años; el paladar artificial casi 6, y la esperanza es que la córnea de escamas pueda alcanzar el uso clínico en unos 5-7 años”.
Fuente: lavanguardia

