El aparato creado por investigadores españoles deja de ser un prototipo tras lograr el permiso de la Agencia Europea de Medicamentos
Redacción
Minerva, Diego, Rocío, Álex, Ainhoa, Alejandro, Jorge, Kilian o Violeta podrán dejar en el trastero su silla de ruedas para ir al cole, al parque o a jugar con sus amigos. Los nueve tienen alguna discapacidad, lesión medular o trastorno neuromotor que les impide caminar. Pero los nueve son parte del centenar de niños que han estado probando el Explorer MB, el primer exoesqueleto pediátrico del mundo para uso y movilidad personal.
El ingenio, solo algo más aparatoso que la silla de ruedas y diseñado por científicos españoles, acaba de lograr el sello de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) que permite su comercialización. Así que los nueve ya están en condiciones de poder llevárselo puesto a casa. “Iban a rehabilitación una hora dos días a la semana. Explorer les permitirá ir mucho más allá”, dice Elena García Armada, fundadora de Marsi Bionics, la empresa creadora del exoesqueleto.
Decenas de niños en España (y también fuera de ella) que no pueden caminar llevan varios años yendo a los hospitales y centros de rehabilitación para meterse en un ATLAS 2030, una especie de hermano mayor del Explorer, creado hace unos años también por Marsi Bionics.
Pensado para la terapia de niños con algún tipo de discapacidad motora por causas cerebrales, un accidente o trastornos como la atrofia muscular espinal (AME), permitía a los niños algo más que caminar. “También socializar, relacionarse, mejorando su autoestima”, destaca la investigadora. “Ese sentimiento de verse capaces les hacía querer enseñárselo a sus amigos. Casi gritaban: ¡Exocole, exocole!“, añade García Armada. Pero tenían que dejarlo en el hospital y volver a casa en la silla de ruedas.
Tras cuatro años de diseño específico, con la participación de una treintena de científicos e ingenieros de Marsi Bionics, pero también del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y cuatro de los principales hospitales universitarios de Madrid (La Paz, 12 de Octubre, Niño Jesús y Gregorio Marañón), los nueve niños pudieron someter al Explorer a un verdadero test de resistencia.
Ir a Faunia, el parque de animales que hay a las afueras de Madrid, y, como cualquier otro niño, podrán acercarse a los curiosos suricatos, tocar con su nariz la cristalera helada tras la que están los pingüinos o adentrarse en La Jungla, que recrea la selva amazónica. Eso fue la presentación en sociedad del exoesqueleto.
LADILLO
“Eso es Explorer, no se queda en la rehabilitación, no se queda en la clínica”, destaca García Armada, orgullosa. El camino hasta aquí ha sido largo. Antes de los años dedicados a desarrollarlo para su uso diario en la calle, muy diferente al entorno controlado de un hospital, anduvieron más de una década en el diseño de lo que sería ATLAS 2030. Este exoesqueleto de uso clínico ya está en 80 centros de todo el mundo, 50 de ellos en España.
Explorer está diseñado para que lo puedan usar niños desde los dos años. Uno de sus puntos fuertes, y que lo hace único, es que crece con ellos, hasta los 17 años aproximadamente, gracias a una serie de segmentos móviles integrados en el chasis.
Una de las cosas que aprendieron con ATLAS 2030 es que se producía una especie de despertar en los niños. “Siempre hablamos acerca de la función de caminar”, recuerda Carlos Cumplido, director clínico de Marsi Bionics. “Sin embargo, para aquellas personas que no tienen esa posibilidad, ni de hacer actividad física, el hecho de caminar es en sí una terapia que aporta múltiples beneficios, no solo físicos”, añade. “Cuando la implementamos, tiene un efecto revolucionario sobre su estado de salud”, detalla.
En sus estudios, los creadores del exoesqueleto han observado un aumento de la fuerza física; se evita también la aparición de deformidades ortopédicas derivadas de una sedentarización. Las familias reportan mejoras a nivel gastrointestinal. “Sabemos que los músculos son un órgano endocrino, es decir, segregan hormonas, las cuales hacen que sintamos menos estrés, que estemos más felices, que prestemos más atención en clase… El exoesqueleto no obra milagros; lo que provoca estas mejoras en el estado físico y cognitivo es la actividad física”.
Fuente: elpais.com
