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    Eunice Foote: la ciencia tras el cambio climático tiene nombre de mujer

    Muy poca gente sabe que el efecto invernadero fue en realidad descubierto por una científica

    Redacción

    En los últimos años ha surgido en todo el mundo una gran preocupación por el clima, motivada en gran parte por los fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes, así como por el notable aumento de la temperatura.

    Lo que es aún más preocupante es que los datos científicos han señalado al ser humano como la causa detrás de todos estos fenómenos que nos amenazan. Este hecho, así como la silenciosa forma en que pone en peligro nuestras vidas, es lo que ha movilizado tan intensamente a personas de muy diversos países como muestra, por ejemplo, el movimiento internacional Fridays for Future.

    Muchos movimientos similares a este se iniciaron hace unas décadas, cuando el agujero de la capa de ozono y el efecto invernadero fueron ampliamente difundidos por los medios de comunicación. Sin embargo, muy poca gente sabe que uno de los principales ingredientes de este cambio climático, el efecto invernadero, fue en realidad descubierto por una mujer: Eunice Foote.

    Eunice Foote nació en 1819 en Goshen (Connecticut, Estados Unidos) en el seno de una familia humilde; su padre era un simple agricultor. A pesar de no tener estudios superiores, sus progenitores quisieron que su hija recibiera también formación científica y la enviaron a un instituto, el Troy Female Seminary. Allí pudo aprender química y biología, principalmente con un enfoque experimental, durante dos años.

    PRIMEROS PASOS

    Este fue sin duda el germen de una faceta de su carácter que marcaría toda su vida: nunca perdió la curiosidad y siguió siendo lo que hoy llamaríamos una científica amateur. Además, Eunice Foote tenía un carácter fuerte y unas convicciones bien definidas: pensaba que las mujeres también tenían derecho a ser tan libres como los hombres y a recibir una educación superior.

    Esto es lo que la empujó, junto a su marido Elisha Foote, estadístico y juez, a firmar en 1848 en Nueva York una de las primeras convenciones por los derechos de la mujer que se celebró en el mundo: la de Seneca Falls. Sólo dos años después, realizó el mayor descubrimiento (conocido) de su carrera: el efecto invernadero.

    UN EXPERIMENTO CASERO

    Así, en 1850 en un laboratorio en su propia casa, realizó el siguiente experimento. Introdujo diferentes gases (aire común, hidrógeno y CO₂) en recipientes cerrados. Dentro de estos recipientes había también un termómetro para poder medir la temperatura en el interior. A continuación, expuso estos gases a la luz solar y observó los cambios de temperatura. Así, descubrió que no todos los gases se calientan de la misma manera. El CO₂ era el que parecía absorber más calor.

    Experimento bastante sencillo que se puede realizar fácilmente en casa

    También observó que la humedad es otro factor crucial para el calentamiento (cuanto más húmedo, más calor se absorbe). Es sabido que existe una relación directa entre la temperatura y el movimiento microscópico de las partículas: cuanta mayor temperatura tiene un gas, más se mueven sus partículas. Por lo tanto, las moléculas de aire son capaces de absorber el calor entrante transformándolo en movimiento molecular.

    A pesar de su simplicidad, los resultados de su experimento han tenido consecuencias profundas

    ANA Gª PAGE

    El de Eunice era un experimento bastante sencillo que se puede realizar fácilmente en casa. De hecho, la figura 1, correspondiente a un experimento similar realizado por los autores de este artículo durante la Noche Europea de los Investigadores de este año, muestra cómo la temperatura medida en recipientes con CO₂ en su interior aumenta más que en aquellos que sólo tienen aire.

    REPERCUSIONES DEL DESCUBRIMIENTO

    Eunice se dio cuenta rápidamente de las implicaciones de sus resultados, ya que por su formación científica sabía que la composición de la atmósfera ha ido cambiando a lo largo de los tiempos. Por lo tanto, la temperatura de la atmósfera también debía haber cambiado. Además, si en el futuro variaba la composición del CO₂ en la atmósfera, el clima también cambiaría.

    Lo que no sabía la investigadora es que, en realidad, por encima de su cabeza (o por debajo de sus pies), había un vivo ejemplo de su descubrimiento: Venus. Venus no es el planeta de nuestro sistema solar más cercano al Sol, pero, sin embargo, es el que tiene mayor temperatura atmosférica. Esto se debe a la densa atmósfera, con terroríficas nubes colosales de CO₂ e incluso con ácido sulfúrico.

    El artículo de Eunice Newton Foote, Circunstancias que afectan al calor de los rayos solares, publicado por el American Journal of Science. A pesar de este enorme descubrimiento, Eunice Foote no era una científica profesional y, lo que es peor, era una mujer en un siglo en el que las mujeres no eran tomadas en serio.

    Ana García Page

    Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Es un artículo de opinión de Ana García Page, doctoranda en Física teórica de la Materia Condensada en el alemán Max Planck Institute for Chemical Physics of Solids, y de José Ramón Ares, profesor titular de Física de la Universidad Autónoma de Madrid.

    Fuente: ips.net