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    Tortell Poltrona: «Hay niños de países en guerra que dejan de hablar y vuelven a hacerlo después de ver nuestro espectáculo»

    El fundador de Payasos Sin Fronteras asegura que la risa es buena y tiene un efecto sanador, así que nunca sale de casa sin ella

    Irma Cervino / Noticias Positivas

    Si tuviéramos que elegir un emoticono para describir a Jaume Mateu Bullich (Tortell Poltrona) no dudaríamos ni un segundo. Y aunque es un payaso, así con todas las letras, lo cierto es que también tiene mucho de médico especialista en los males del alma y del corazón. Su medicina es apta para cualquier persona y el único efecto secundario que provoca es que uno siempre quiere repetir. Tortell atiende a Noticias Positivas con la nariz roja y con la sonrisa puestas, dos elementos que nunca se deja en casa. Después de 27 años recorriendo campos de refugiados y lugares de conflictos armados, el fundador de Payasos Sin Fronteras se sigue emocionando cada vez que ve asomar la sonrisa en la cara de una niña o de un niño. Más de dos millones de pequeños en todo el mundo han visto su espectáculo. Nacido en Barcelona en 1955, es profesor industrial en electrónica y mecánica. También estudió sociología y economía política pero un buen día decidió que lo que realmente quería en este mundo era hacer reír a los demás. Reconoce que la pandemia nos ha quitado sonrisas pero insiste en que las recuperemos porque estos días no nos los van a devolver.

    ¿Se considera más un payaso o un artista?
    Yo soy payaso y, además, me siento muy identificado con una definición que leí hace años de Pompeu Fabra y que decía que payaso «es una persona que por su mala cabeza sólo puede ser tenida en cuenta como objeto de divertimento”. Yo soy eso.

    Usted es profesor industrial en electrónica y mecánica y también estudió sociología. ¿Qué le llevó a cambiar esa visión tan científica que tenía de la vida a otra más humanista?
    Bueno un día pensé cómo quería pasar mi vida de la mejor manera posible. Yo soy de una generación que vivió el final del franquismo y que buscaba una salida. La mía fue una salida artística. Poco a poco fui descubriendo que hacer reír a la gente era muy hermoso y poético. Hay una frase del poeta catalán Joan Brossa que dice: Conozco la utilidad de lo inútil y tengo la riqueza de no querer ser rico, Este oficio de payaso es algo que no se puede aprender, se tiene que sentir y sólo eres capaz de aprender a partir de irlo tamizando muchas veces con el público y, también, cuando te vas haciendo mayor. A partir de aquí, empecé a descubrir la enorme alegría que me producía poder ver cómo era capaz de arrancar una sonrisa y risas a la gente.

    ¿Todavía se sigue emocionando cuando ve a alguien reírse con lo que usted hace?

    Sí. Es muy curioso porque con los años llega un momento en que tienes una especie de automatismo profesional pero yo me sigo emocionando cuando, tiempo después, recuerdo lo que he visto. Me pasa sobre todo con el trabajo que hacemos en Payasos Sin Fronteras en los sitios donde no hay nada. Es muy emocionante ver cómo reacciona gente. Para ellos es muy importante. Y para nosotros, también.

    ¿Tiene alguna imagen grabada de alguna vez que haya dicho: Mi madre cómo he podido hacer reír a esta persona con lo que está pasando?

    Llevo 27 años haciendo esto y hace un año justo estaba en la frontera de Sudan del Sur rodeado por un montón de niñas y niños que marcaban el espacio escénico y pensé que el zapato más caro que había era una chancleta brasileña. Ver a todos aquellos niños llorando de risa porque era la primera vez que veían un espectáculo en su vida (no tienen televisión ni canales infantiles) fue indescriptible. También recuerdo en 2004 cuando el tsunami de Sri Lanka, Médicos sin Fronteras que estaba en la zona nos llamó para invitarnos a participar en el rescate emocional de las personas. Al cabo de una semana estábamos actuando allí. Hicimos un contrato con el Ministerio de Educación, de manera que recorrimos las escuelas con nuestro espectáculo. Llegó un día que nos tocó ir a un instituto en el que de 2.500 niños habían quedado solo 700. Llegamos temprano por la mañana y vimos cómo se buscaban entre ellos, cómo lloraban porque no encontraban a sus amigos que habían muerto en la tragedia. Empezar el espectáculo en medio de esto fue muy duro. Hicimos una ceremonia funeraria que, hasta yo que soy agnóstico, recé. El espectáculo transformó aquellos llantos de dolor en llantos de risa y terminamos abrazados unos con otros. Fue muy emotivo. Al final el director se acercó y nos dijo: «Nos han traído de todo, dinero, libretas, lápices, ordenadores, ropa, comida… pero nadie nos había traído la vida. Hasta hoy solo podíamos hablar de la muerte pero, partir de hoy y gracias a ustedes, podemos volver a hablar de la vida». En definitiva esa es nuestra filosofía. Ser payaso es dar algo bueno.

    ¿Qué opina cuando escucha a alguien decir que en situaciones como ésta la risa es una falta de respeto?

    Es evidente que la risa es sana. Es útil. Viví otra experiencia en Sarajevo donde, de la mano de Médicos del Mundo, visitamos un hospital. Cuando estábamos en una de las habitaciones, empezaron a llegar médicos y enfermeras. Nosotros estábamos jugando con un títere y con un niño y yo intenté sacar a la gente para que no le molestaran. Uno de ellos se me acercó y me dijo: «¿Sabe usted que este niño hacía años que no hablaba?» Y en ese preciso momento lo estaba haciendo con el títere. Algo parecido se ha repetido recientemente con unas compañeras, unas payasas en Beirut. Una madre les escribió que su hija se había quedado muda tras la explosión de una bomba pero que ese día había llegado a casa y le había explicado todo el espectáculo a su padre. Lo que hacemos es útil lo que pasa es que no es tangible.


    ¿Es bueno reírse cuando hay dolor?

    El ser humano es un ser emotivo y la risa provoca endorfinas. Nosotros hemos hecho algunos análisis científicos para saber la capacidad de resiliencia que puede sacar un niño que sale de conflictos violentos terribles como son los niños y niñas que vienen de la guerra de Siria y hemos descubierto que la resiliencia que se produce después de una actuación de payasos es muy, muy importante.

    ¿Recuerda cuándo fue la última vez que se rió?

    Hace cinco minutos. Yo me tomo la pastilla todos los días. La llevo siempre conmigo. A mi me gusta saludar a la gente por la calle. Me gusta entrar en una tienda e intentar por lo menos que me saluden.

    En la situación actual ¿Qué mensaje le daría a la sociedad? A quienes viven pensando que no hay salida ¿Qué les recomienda?

    Bueno, hay que ser conscientes de que estamos en una guerra de baja intensidad. Porque esto no deja de ser una guerra. Yo le recordaría a la gente que estos días no nos los van a devolver.
    Estos días forman parte de nuestra vida, como los días que había antes y como ojalá sean los días venideros cuando esto haya amainado. Y por lo tanto, hay que vivir con la misma intensidad o incluso con más intensidad todos los días que tienes en la vida. Hay una cosa curiosa que me gusta recordar y que son las ganas de vivir de la gente del África. Se levantan cada día sin saber si habrá un mañana. Yo pienso que esta pandemia nos ha puesto un poco en esta tesitura. Todos podemos enfermar mañana, entrar en la UCI y no salir de ahí. Por eso, si nos quitamos el miedo de encima, yo creo que sanaremos antes y viviremos más intensamente.

    Tortell Poltrona es Premio Nacional de Circo y ha recibido numerosos premios, reconocimientos y galardones pero para él, no hay ninguno como ver una sonrisa y escuchar risas.

    Para más información sobre su vida y su trayectoria vital y profesional pueden visitar su página web tortellpoltrona.com