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    Carlos de Hita: «Dejo que la naturaleza se cuente a sí misma»

    Después de más de treinta años registrando y relatando los sonidos de la naturaleza, el paisajista sonoro asegura que su cualidad no está en el oído sino en su capacidad de escucha

    Irma Cervino / NoticiasPostivas.press

    Las llamadas de celo de los urogallos, el ulular de los búhos, el maullido de los linces ibéricos y el aullido de los lobos, el rumor del agua o el coro del alba están ahí pero no los oímos. Hace tiempo que dejamos de escuchar esta maravillosa banda sonora que cada día, sin descanso, emite la naturaleza y que ha quedado oculta detrás del ruido infinito de la cotidianeidad humana.

    Aquí es donde aparece Carlos de Hita. Asegura que no es un científico sino un técnico que trabaja con los sonidos de la naturaleza. En realidad, es un naturalista que cuenta historias con las grabaciones que hace a pie de campo. Es colaborador habitual en varios medios de comunicación, guionista de documentales y tiene un blog, El sonido de la naturaleza, que se ha convertido en uno de los mayores archivos sonoros de la biodiversidad y fauna española, africana, amazónica e india.

    Actualmente vive en Segovia muy pegadito a esos sonidos que parece que solo él sabe escuchar y cada mañana, cuando son las 5:58 (hora española), nos regala sus amaneceres como broche de oro del programa De buenas a primeras de la cadena SER.

    Cuesta encontrar una definición exacta a lo que hace. ¿Cómo lo llama usted?
    Trabajo con los sonidos de la naturaleza y mi materia es la Bioacústica que es el estudio del comportamiento de comunicación de los animales a través de señales sonoras. Con mis grabaciones hago relatos, cuento historias con ellas, y la base no es solo mi voz o mi palabra escrita, sino el sonido. Digamos que lo que yo hago es dejar que la naturaleza se cuente a sí misma con sus palabras. En definitiva, soy un naturalista metido a técnico de sonido. Grabó sonidos de la naturaleza y con eso cuento mis historias.


    Me gusta esa definición. También es guionista de documentales.
    Sí he hecho los guiones de varios documentales de la naturaleza. Hago la banda sonora no la música. Es decir, la banda de sonido de una película documental de naturaleza y, a veces, puedo escribir el texto del guión que va encajado dentro de esos sonidos. La fusión en esas películas es un elemento más del paisaje sonoro de la película, describe lo que pasa, pero también suena integrado dentro de la banda sonora completa de la música y el ambiente. Todo como una sola pieza.


    Para hacer lo que usted hace ¿se necesita tener un oído muy desarrollado?
    No, no, yo no tengo un oído especialmente fino ni extraordinario. Lo que tengo es una capacidad de escuchar muy desarrollada que no es lo mismo. Así como no es lo mismo ver que mirar, tampoco es lo mismo oír que escuchar. Con los años, he ejercitado la capacidad de escuchar y también de elegir dentro de un ambiente sonoro; qué es aquello que define ese ambiente porque hay sonidos que definen mejor unas cosas que otras. Es una cuestión de percepción, de atención y no tanto de capacidad física auditiva. La escucha atenta se puede ejercitar.


    Permítame la comparación. Usted es una especie de traductor o intérprete del lenguaje de la naturaleza. Así como se puede traducir del español al inglés o al francés, etc, usted traduce lo que dice la naturaleza al lenguaje humano.
    (Se ríe)
    En realidad, la naturaleza es la suma del paisaje sonoro. Es la suma de muchos mensajes que se cruzan, ninguno de los cuales va dirigido a nosotros porque los animales hablan, se comunican entre ellos, se piden comida, se piden relaciones, se asustan, se amenazan. Todo eso suena en un espacio acústico donde hay una reverberación, unos ecos, unas condiciones físicas, igual que en un teatro, en un escenario o en una Iglesia, donde el sonido se propaga de una manera u otra. Y sí, podría decirse que lo que yo hago es intentar interpretar mínimamente lo que está pasando ahí.
    Cuando escuchas un sonido en un bosque, tú no ves quién está pero sabes por el oído quién está. Incluso por el tipo de voz, puedes saber cuántos hay y qué están haciendo. Puedes interpretar qué significan esas voces. Eso te da una idea bastante limitada de lo que está sucediendo porque suceden muchas cosas. No me limito a grabar el sonido sino que, igual que un fotógrafo hace varias fotos y con ellas elabora un reportaje y ese reportaje es un relato, yo grabo una serie de sonidos en un lugar y con ellos construyo un relato. Hago ficciones, resúmenes de lo que sucede ahí. No es una toma tal cual porque durante media hora grabando puede que no pase nada.


    Acaba de decir que la naturaleza no nos habla a nosotros sino que los animales se comunican entre ellos. Pero ¿alguna vez se ha encontrado con algún mensaje que usted pensara que nos estaban tratando de decir algo a los humanos?
    Cuando vas al campo, muchas veces lo que oyes son gritos de alarma, pájaros, animales que huyen ante tu presencia. Corre el miedo por el bosque. Pero hay veces que cuando llegas -no sé muy bien por qué- y llevas un tiempo allí, los animales te ven pero te ignoran; no te perciben como un peligro. Esa ausencia de mensajes de alarma tiene un significado y es que tú no eres un problema para ellos. Es entonces cuando empiezan a actuar de una manera realmente espontánea y natural, como si tú no estuvieras, pasan de ti y siguen a lo suyo. Esos momentos, ese mensaje es lo bonito: cuando te das cuenta que no eres un peligro. Es muy emocionante.


    ¿Ni siquiera hay mensaje entre líneas?
    Si yo escucho un ambiente, no solamente lo que hay, sino que percibo que allí hay mucha variedad de aves, insectos y donde, además, no hay aviones, no hay motores, no hay tráfico, no hay ruido de nada, puedo suponer que es un paisaje, un ecosistema muy rico y en buen estado de conservación. Si por el contrario lo que percibo es muy monótono, porque solo hay cuatro o cinco especies y se repiten mucho y no hay zumbido de abejas, por ejemplo, puedo entender que ese es un lugar muy degradado. Y, si además están pasando aviones o hay tráfico, deduzco que está muy sucio y es un espacio en crisis. Pero son interpretaciones, no mensajes que yo reciba.


    ¿Cuál es el animal, ave, insecto que más le gusta escuchar?
    No hay uno que me guste más que otro. Lo que realmente me gusta es grabar a los animales en su ambiente. Disfruto con ambientes limpios y silenciosos, no en el sentido de que no haya sonido, sino de que no haya perturbación. El silencio es el sosiego. Ahora, si me preguntas por protagonistas, sin duda, los protagonistas son los lobos, los linces, los urogallos. Los animales que culturalmente más nos trasmiten. El lobo es lo salvaje, el lince ibérico es lo escondido, el animal salvado al límite de la extinción. Cuando maúlla un lince -que son bastante difícil de escuchar- todas las emociones te recorren el cuerpo. O cuando llegan las grullas que, para mí, son la alegría del invierno. Yo vivo en la Península y cuando oigo la grulla sé que viene la mala estación. Pero a mí me gusta el frío, así que es una alegría. Son esos detalles. No busco el sonido bonito o si los mirlos cantan afinados como los cantantes. Busco el paisaje sonoro que transmiten.


    En definitiva, lo que valora es la autenticidad de la naturaleza, ¿no?
    Cuidado (me advierte). Todo lo que es grabado, fotografiado, pintado o escrito se convierte en ficción.
    Y esto es una conversación inacabable entre creadores. Yo creo que todo lo que pasa por un filtro, incluso por nuestra memoria, es ya una ficción porque yo puedo grabar un lobo pero eso no es un lobo es una grabación de un lobo. No es ni remotamente real. Esa es mi impresión, mi recuerdo de cómo era un lobo. Igual que si hago un cuadro (no se pintar) es mi recuerdo, no es la realidad. Yo no transmito realidades, transmito mis recuerdos de una realidad vivida. Yo estuve allí lo vi y lo sentí, lo olí, me emocionó y, luego, lo cuento.


    Después de más de treinta años, la forma en cómo capta y recoge esa realidad ha cambiado. ¿Cómo ha vivido la revolución digital?
    En los ochenta empecé grabando con aquellos magnetófonos de cinta de bobina que eran muy pesados y muy caros. Así como los fotógrafos iban limitados con los carretes, yo iba con unas bobinas de audio que duraban muy poco. Y claro, los animales tenían la mala costumbre de empezar a cantar cuando se acababa la cinta (ironía obvia) Lo típico del sonido analógico.
    Por suerte, asistí al cambio hacia lo digital. Aunque donde más se ha evolucionado no es en la grabación, que también. Donde el cambio ha sido radical es en la postproducción, en el estudio de sonido. En una grabación hay que limpiar, editar, procesar, eliminar restos.
    Hace 30 años, los estudios de grabación eran unos sótanos con unas mesas de mezclas descomunales, todo muy grande, muy aparatoso. Eso sigue existiendo para las grandes producciones, pero una parte muy importante de ese trabajo la puedes hacer ya en tu casa, con tu ordenador, con tus propios medios. Yo no puedo editar una película o un documental en casa porque hay que afinar mucho pero sí puedo montar en mi estudio una pieza para Internet. Antes dependía todo el rato de otras personas. Mi vida profesional no habría sido posible sin esa revolución. Había sido otra cosa distinta, sin duda.


    La radio es un medio que nos permite también escuchar el trabajo que hace. Actualmente, de lunes a viernes, podemos disfrutar de casi dos minutos de esa banda sonora de la naturaleza, esos “Amaneceres” con los que termina el programa De buenas a primeras (Cadena SER) a las 5:58 hora peninsular y que da inicio al “ruido” del día a día.
    Sí, es algo diferente. Cuando termina de cantar el pájaro o el sonido de ese día, suenan los pitos de la señal horaria de las seis de la mañana y entra Angels Barceló con la actualidad. Es una especie de bisagra que rompe el sosiego nocturno y da paso a la locura de la información.
    Para mí es muy gratificante cuando alguien te llama y te dice mira yo me levantaba a las seis con el despertador y, ahora, lo pongo a las seis menos dos minutos para escuchar los amaneceres. Me gusta porque creo que hemos encontrado un hueco para compartir un sonido como el de la naturaleza.
    Es una pieza muy cortita pero que día a día, todos los meses del año, crean una pieza sonora por entregas muy larga. Además es un calendario sonoro porque el sonido es de un momento de actualidad, así que vamos creando una especie de geografía sonora. Tiene las dos cosas y es bonito


    Aparte del sonido, lo que le gusta a quienes escuchan ese espacio radiofónico es la manera en que lo cuenta. Le pone poesía.
    Es que soy un poco cuentista. Llevo ya bastantes años haciendo ese tipo de juegos en el que el relato va enhebrado dentro del montaje sonoro. Es algo que hago no solo aquí sino que he hecho en los guiones de algunos documentales, en blogs y que empecé a hacer cuando empecé en la radio de la mano de Iñaki Gabilondo, en el año 91.
    Actualmente estoy con un nuevo proyecto que saldrá pronto. Un libro, en papel, en tinta y con dibujos, que remite por códigos QR a montajes sonoros. Todo lo que dice el libro está relatado con mi voz que lleva el hilo de lo que sucede acústicamente. Me gusta hacer esas pausas, dar pie: «Va a cantar la codorniz». Entonces, me callo y canta la codorniz. Es mi estilo.

    En 2016 recibió el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad por su pionera e innovadora trayectoria en la grabación y difusión de sonidos de la naturaleza.
    Me emocionó mucho recibirlo. Y me sorprendió también mucho que el jurado justificase para otorgarme el premio que para comunicar utilizara de manera novedosa el lenguaje de la naturaleza. Cuando recogí el premio comenté que si el jurado consideraba que utilizar las voces de la naturaleza era novedoso -siendo las voces de los animales las que nos han acompañado durante toda la historia de la humanidad- eso era una señal de lo sordo que nos hemos vuelto.


    Para los que no tenemos esa capacidad que tiene usted de escuchar esos sonidos, ¿qué nos recomienda cuando estemos en un paraje natural? ¿Cerrar los ojos y abrir los oídos?

    Imagina que somos como un barco que avanza y la estela que se nos abre alrededor y se junta detrás de nosotros cuando hemos pasado son los animales. Tú avanzas y los animales se quitan, dan la vuelta, y se vuelven a juntar detrás. ¿Cómo se calma la estela de un barco? Parando. Paras el barco y las aguas se sosiegan, todo vuelve a estar plano. Pues en cierto modo, esto es lo que ocurre en la naturaleza. Cuando llegues a un lugar quédate quieto, no hagas aspavientos, sé discreto, párate respetuosamente, tranquilamente en silencio y, al cabo de un rato, las cosas vuelven a pasar.
    Los animales empiezan a acercarse y tu has aguzado tu oído, la escucha. Estás abierto de par en par a lo que sucede. Ellos emiten sonidos y tú eres un receptor mucho más eficaz, mucho más sutil. Esta es mi clave. Está claro que yo llevo un micro en la mano y, cuando eso ocurre, grabo, pero cualquier persona puede estar allí sin micrófono, sin cámara y disfrutarlo igual.

    “El parloteo líquido de un bando de abejarucos, unas aves que en el plumaje tienen todos los colores, pero en la voz solo tienen una nota” (Carlos de Hita)

    Más información sobre Carlos de Hita, en su blog y en su canal de youtube.