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    Arancha García vuela durante 8 kilómetros

    Impulsada por un equipo de atletas y amigos, la escritora icodense supera el Reto Bluetrail en una silla todoterreno

    Irma Cervino / NoticiasPostivas.press

    Arancha nunca imaginó que una fatídica lesión de rodilla, siendo adolescente, cambiaría su vida.

    Nunca imaginó el calvario de operaciones quirúrgicas que desembocaron en una total inmovilidad de cintura hacia abajo.

    Tampoco nunca imaginó que iba a pasar 16 años de su vida postrada en una cama sin poder salir de casa por falta de un ascensor con el que su familia pudiera bajarla a la calle.

    Nunca imaginó cuánto la querían sus vecinos, amigos, conocidos y hasta desconocidos, que organizaron una cena benéfica para recaudar fondos con los que reconvertir su garaje en vivienda adaptada.

    Arancha nunca imaginó que escribiría dos libros y que daría charlas en institutos.

    Y nunca, nunca, nunca imaginó que un día volvería de nuevo a hacer deporte, ese del que aquella lesión le apartó bruscamente hasta hace una semanas cuando participó en el Reto 8 Kilómetros de la Tenerife Bluetrail, la carrera de montaña que se celebra en Tenerife.

    Arancha con su medalla al cuello tras llegar a la meta.

    Al llegar a la meta, Arancha (Icod de los Vinos en 1980) no podía parar de sonreír. «Estoy en una nube», repetía mientras el 5004, su dorsal, se movía colgado del pecho al ritmo de su respiración. Con ese número, «voló» durante ocho kilómetros sobre una Joëlette, la silla todoterreno que portearon Paye, Raúl, Fidel, Javi, Benjamín y Ale.

    El equipo que llevó a Arancha.

    Ellos fueron las alas físicas que hicieron posible su vuelo porque detrás también tenía un equipo de colaboradores y amigos que no dejaron de animar y de apoyar a Arancha para que lograse el reto. Noe y Judit fueron un motor importante.

    Nacida en Icod de los Vinos, esta mujer incombustible y tenaz en todo lo que se propone solo necesitó 55 minutos y 12 segundos para que el sábado fuera uno de los días más felices de su vida. Con la medalla ya colgada del cuello, comentaba que si echaba la vista atrás y recordaba cómo había estado todos estos años no le parecía que se tratara de su vida. «Es como si me hubieran sacado de un lado y ahora estuviera en otro», aseguraba.

    El equipo que le puso alas a la Joëlette asegura que el verdadero motor fue Arancha. «Ella nos llevaba a nosotros», confiesa Pedro Paye González, al recordar sus gritos de ánimo y la cara de asombro. «No paraba de gritar y sorprenderse por todo lo que veía a su paso. Eso nos quitó cualquier dolor», asegura este atleta que ha participado en otras carreras extremas.

    Ella nos llevaba a nosotros

    Pedro Paye

    «Durante el recorrido, nos dimos cuenta de que quien realmente nos llevaba era ella a nosotros. Con sus ánimo, sus palabras». Así lo cree Raúl Díaz, otro atleta aficionado que nunca olvidará cómo la propia Arancha iba narrando el trayecto, lo que veía, lo que sentía. «Nunca antes yo había corrido tan rápido. Nos dio un chute de energía».

    No era para menos. En ese momento, después de muchos años, ella se estaba reencontrando con el deporte.

    «Fue increíble la manera en que lo vivió y nos lo hizo vivir a nosotros», recuerda José Fidel Pérez que a pesar de estar acostumbrado al deporte de montaña, lo que vivió fue único. «Fue duro pero corto (8 kilómetros) y disfrutamos todos mucho». Fidel anima a todas las personas con alguna discapacidad a cumplir sus sueños, como ha hecho Arancha.

    Fue increíble la manera en que lo vivió y nos lo hizo vivir a nosotros

    José Fidel

    Javi Rodríguez, otro de los componentes del equipo y que además trabaja vinculado al deporte adaptado, destaca la sensación que tuvo, no solo durante el recorrido sino los días previos en los que Arancha no paraba de animar y prepararse para que todo estuviera a punto ese día. «Fue muy emocionante ver cómo disfrutaba al volver a encontrarse con el deporte. Fuimos sus piernas pero ella fue el motor», señala Javi que destaca que en este tipo de pruebas no competitivas, «lo importante no es llegar a meta el primero sino hacer la prueba. Eso es ganar. Ha sido una lección de vida», confiesa emocionado.

    Ha sido una lección de vida

    Javi
    Arancha y su equipo tras superar el reto.

    El recorrido ha sido duro -reconoció Arancha al llegar- pero esos 8 kilómetros se quedarán grabados en su retina para siempre. «No digan nunca no», insistía una mujer exultante con la que todo el mundo quería sacarse fotos. «La vida hay que vivirla». Y vamos que ella la vive. Intensamente. Sin quejas, sin reproches. Sin peros.

    Ella misma suele decir que «cada caída, merece una nueva puesta en pie» y es lo que siempre ha hecho.

    El tiempo que Arancha estuvo en cama, desde los 18 hasta los 34 años, no dejó de leer, estudiar, aprender, conocer las nuevas tecnologías. Y escribir. Su pasión. Arancha es autora de dos libros: Sombras de luces Nubes de sol.

    En esa nube se encuentra ahora y desde ella nos sigue dando una auténtica lección de vida.

    Cada caída merece una nueva puesta en pie

    Arancha