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    Agua en la Luna: un nuevo estudio indica dónde buscar hielo

    El satélite de la Tierra deja de ser un desierto tras identificarse los cráteres donde podría concentrarse el hielo acumulado durante miles de millones de años

    La Luna, captada por la tripulación de Artemis II durante su sobrevuelo: / NASA

    Redacción

    La Luna fue durante mucho tiempo considerada un desierto absoluto, un mundo seco e inerte. Sin embargo, esa imagen lleva años resquebrajándose. Ahora, un nuevo estudio internacional aporta una pieza clave al rompecabezas: no solo hay agua en la Luna, sino que probablemente se ha ido acumulando de forma lenta y constante durante miles de millones de años en rincones muy concretos de su superficie.

    Y lo hace, además, en un momento histórico: mientras los científicos afinan dónde buscar ese hielo, la humanidad ha vuelto a orbitar la Luna con la misión Artemis II.

    El trabajo, publicado en la revista Nature Astronomy, está liderado por el científico planetario Oded Aharonson, del Instituto Weizmann de Ciencia en Israel, y cuenta con la participación de Paul Hayne, científico del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial (LASP) de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos), indica la información de Rex Molón.

    La investigación aborda un enigma que ha intrigado a la comunidad científica durante años: por qué el hielo lunar parece concentrarse en algunos cráteres de la Luna y no en otros.

    Las observaciones de misiones de la NASA y de otros instrumentos habían ofrecido ya indicios sugerentes de que el agua —en forma de hielo— podría ser relativamente abundante en la Luna, especialmente en los cráteres en sombra permanente del polo sur lunar. Pero su origen seguía siendo incierto.

    El nuevo estudio descarta algunas de las hipótesis más espectaculares, como la llegada masiva de agua tras el impacto de un gran cometa.

    Parece ser que los cráteres más antiguos de la Luna también tienen más hielo. Eso implica que la Luna ha ido acumulando agua más o menos de forma continua durante hasta 3.000 o 3.500 millones de años.

    Paul Hayne, profesor asociado del Departamento de Astrofísica y Ciencias Planetarias

    La conclusión apunta a un proceso lento, casi imperceptible a escala humana, pero constante en términos geológicos. En lugar de un único episodio catastrófico, el agua habría llegado por múltiples vías a lo largo del tiempo, desde antiguos episodios volcánicos que liberaron vapor desde el interior de nuestro satélite hasta impactos de cometas y asteroides. Es más, podría haber llegado a lomos del viento solar.

    «Mediante el viento solar, una corriente constante de hidrógeno bombardea la Luna, y parte de ese hidrógeno puede convertirse en agua en la superficie lunar», señala Hayne.

    Sea cual sea su origen exacto, los científicos coinciden en el destino final de esa agua: las llamadas trampas frías, regiones en sombra permanente donde la luz del Sol no ha penetrado en algunos casos desde hace miles de millones de años. En estos cráteres, las temperaturas son tan bajas que el hielo puede permanecer estable durante escalas de tiempo geológicas.

    Estas regiones concentran las llamadas trampas frías, donde podría haberse acumulado hielo durante miles de millones de años / ESA

    Por qué algunos cráteres tienen más hielo que otros

    Los datos del instrumento LAMP (Lyman-Alpha Mapping Project) a bordo del orbitador Lunar Reconnaissance Orbiter, una sonda estadounidense destinada a explorar la Luna que fue lanzada en junio de 2009, habían detectado señales compatibles con la presencia de hielo en algunas de estas zonas. Pero había un problema: su distribución es desigual.

    «Lo que está claro es que el hielo tiene una distribución irregular —afirma Hayne—. No está concentrado en las mismas cantidades en todos los cráteres. Y no había una gran explicación para eso».

    Para resolver este misterio, el equipo decidió retroceder en el tiempo y reconstruir la historia de la Luna. Utilizando datos del instrumento Diviner del mismo orbitador y simulaciones informáticas, modelaron cómo han evolucionado los cráteres a lo largo de miles de millones de años.

    Zonas clave: dónde buscar hielo en la Luna

    Una de las claves de este fascinante trabajo es que la Luna no siempre ha tenido la misma orientación respecto a la Tierra. Su inclinación ha cambiado con el tiempo, lo que implica que algunos cráteres que hoy están en sombra permanente pudieron haber estado iluminados en el pasado, y viceversa.

    A partir de estas simulaciones, los investigadores elaboraron una lista de las trampas frías que han permanecido en oscuridad durante más tiempo. Y el resultado encaja con las observaciones: los cráteres más antiguos y oscuros son también los que muestran mayores indicios de hielo.

    Entre ellos destaca el cráter Haworth, cerca del polo sur lunar, que tal vez ha permanecido en sombra durante más de 3.000 millones de años. Según Hayne, es uno de los candidatos más prometedores para albergar grandes reservas de hielo.

    La tripulación de Artemis II durante su misión alrrededor de la Luna / NASA

    Mientras estos resultados afinan el mapa del agua en la Luna, la exploración humana ha dado un salto que parecía impensable hace solo unos años. La misión Artemis II, lanzada con el cohete SLS el 1 de abril de 2026, ha devuelto astronautas a las inmediaciones de la Luna por primera vez desde 1972, en plena era Apolo.

    Fuente: Rex Molón