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    Alicia existió: la niña real que inspiró el País de las Maravillas de Lewis Carroll

    La curiosidad de Alice Liddell dio vida a uno de los mundos más célebres de la literatura universal

    Redacción

    En la Inglaterra victoriana, un profesor de matemáticas en Christ Church, Charles L. Dodgson, trabó relación con la familia del decano de Oxford, Henry G. Liddell, y de ese vínculo nació uno de los mundos más célebres de la literatura universal.

    Mucho antes de que Alicia en el País de las Maravillas se convirtiera en icono cultural, existió una niña real que inspiró la historia: Alice Liddell, la hija del decano, indica un artículo de National Geographic. Su figura motivó a Dodgson bajo el pseudónimo de Lewis Carroll a crear un universo donde la lógica se retuerce, el tiempo se detiene y la realidad se convierte en un juego.

    Alice Liddell, la niña que inspiró a Carroll / CCO

    Alice Pleasance Liddell nació en 1852 en Oxford. Su padre, Henry George Liddell, era decano de la misma institución donde Dodgson enseñaba matemáticas. Fue gracias a la amistad que se forjó entre ambos que el matemático terminó forjando un vínculo con la familia Liddell. Compartieron excursiones, aventuras, retratos fotográficos y tardes de lecturas que inspirarían, en 1862, el relato que acabaría convirtiéndose en Alice’s Adventures in Wonderland.

    Los archivos de Christ Church y la enciclopedia Britannica documentan que Carroll solía invitar a las tres hermanas Liddell (Lorina, Alice y Edith) a sus excursiones por el Támesis. Entre acertijos, canciones y juegos verbales, las niñas se convertían en su público más atento, y Alice, la más imaginativa, en su oyente favorita.

    El día que nació el País de las Maravillas

    El 4 de julio de 1862, Dodgson y el reverendo Robinson Duckworth llevaron en barca, desde Oxford hasta Godstow, a Lorina, Alice y Edith Liddell. Durante la travesía, Dodgson improvisó una historia protagonizada por una niña llamada Alicia, que se adentraba en un mundo fantástico fruto de su imaginación.

    La narración fascinó tanto a Alice que, días después, le pidió a Dodgson que la pusiera por escrito. Dos años más tarde, en noviembre de 1864, Dodgson le regaló un manuscrito encuadernado en cuero marrón oscuro, con ilustraciones hechas por él mismo, titulado Alice’s Adventures Under Ground. Ese manuscrito se conserva hoy en la British Library.

    Manuscrito original de Las aventuras de Alicia bajo tierra / BRITISH LIBRARY

    A partir de aquel cuaderno, Carroll amplió y revisó el texto, añadió episodios y personajes y encargó las ilustraciones al dibujante John Tenniel, caricaturista de Punch. En 1865, la editorial Macmillan & Co. publicó Alice’s Adventures in Wonderland. Eso sí, cabe señalar que la primera tirada fue retirada por defectos de impresión y la edición comercial definitiva se distribuyó en 1866.

    El libro no era un simple cuento infantil: mezclaba humor lógico, sátira social y una imaginación desbordante. Carroll, matemático de formación, incorporó en la historia su fascinación por la lógica, el lenguaje y los juegos mentales, reflejando el espíritu intelectual de la época victoriana.

    En su publicación original, Alicia en el País de las Maravillas sorprendió a los lectores victorianos por su mezcla de humor absurdo y lógica precisa, aunque pocos percibieron entonces la profundidad filosófica que el tiempo revelaría. Para el público de la época, era una obra ingeniosa y divertida; para las generaciones posteriores, un clásico de la razón y el absurdo.

    El espejo y el legado

    En 1871, Carroll publicó Through the Looking-Glass, and What Alice Found There, escrito entre 1869 y 1871 y distribuido a comienzos de 1872. En él, la protagonista atraviesa un espejo y se adentra en un universo regido por las reglas del ajedrez. Allí aparecen personajes tan célebres como la Reina Roja, los gemelos Tweedledee y Tweedledum o Humpty Dumpty.

    La obra profundiza en los juegos de lenguaje, las paradojas lógicas y el tema de la identidad, consolidando a Alicia como una figura intemporal. La pregunta que la niña plantea en el primer libro -¿Quién soy yo?- se convirtió en una de las más reconocibles de la literatura moderna, emblema de una protagonista que se niega a aceptar respuestas cerradas.

    Imagen del personaje de Alicia en la versión cinematográfica de Disney / WALT DISNEY

    Del papel a la pantalla

    El magnetismo visual de Alicia pronto atrajo al cine. En 1903, Cecil Hepworth y Percy Stow rodaron en Reino Unido la primera adaptación cinematográfica conocida, con efectos pioneros que mostraban a la protagonista encogiéndose y creciendo. En 1915, W. W. Young firmó la primera versión de larga duración.

    Durante el siglo XX, la historia se expandió en todos los formatos. La película animada de Walt Disney (1951) consolidó la imagen icónica del personaje (vestido azul, delantal blanco y cinta en el cabello), gracias al inconfundible diseño cromático de Mary Blair.

    Décadas más tarde, Tim Burton (2010) reinterpretó la historia en clave gótica y simbólica, combinando elementos de Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo. Su estética barroca y su tono oscuro devolvieron al relato su dimensión onírica original y lo acercaron a una nueva generación de espectadores.

    Más allá del cine comercial, Alicia se convirtió en un campo de experimentación artística. Hoy, sigue inspirando a pintores, músicos, diseñadores y escritores. 

    El recuerdo de Alice Liddell

    La niña real que inspiró el mito llevó una vida discreta. En 1880, Alice Liddell se casó con Reginald Hargreaves; tuvieron tres hijos y residieron en Lyndhurst (Hampshire), en la casa familiar conocida como Cuffnells. En 1928, vendió en subasta el manuscrito de Alice’s Adventures Under Ground, que fue adquirido por un coleccionista estadounidense.

    Dos décadas más tarde, en 1948, el documento regresó al Reino Unido como donación y hoy forma parte de los fondos de la British Library. Alice Liddell Hargreaves murió en 1934, a los 82 años. En su tumba, en el cementerio de Lyndhurst, aún se depositan flores de quienes recuerdan a la niña que hizo soñar al mundo.

    Fuente: National Geographic