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    El meteorito más antiguo se guarda en un templo de Japón

    Redacción

    Una luz deslumbrante agujereó el negro cielo de la noche en Nogata y poco después una pequeña piedra causó un discreto cráter en el suelo. Hasta la mañana siguiente los campesinos de la zona no se atrevieron a acercarse hasta él y comprobaron que, efectivamente, una roca del tamaño de una pelota pequeña, ligeramente piramidal, había venido desde el espacio.

    La procedencia celestial solo podía significar el carácter sagrado del pedrusco, de manera que se depositó en el templo sintoísta de Suga Jinja. Allí permanece desde hace 1.164 años. El meteorito que se guarda en una vitrina del santuario es el más antiguo que se conserva en el planeta. Según el calendario japonés, cayó en esta localidad de la prefectura de Fukuoka el 7 de abril en el tercer año de Jogan. Para el calendario juliano, el 13 de mayo de 861.

    La llegada de rocas fulgurantes procedentes del espacio se conocen desde los antiguos griegos. Ya Plinio el Viejo, en el siglo I de nuestra era, había relatado su aparición y también les había atribuido un sentido místico. Pero el de Nogata es el más antiguo que se ha podido conservar.

    Podría haber ido a parar a un centro científico o a un museo del espacio o geológico de Tokio, pero los guardianes del templo sintoísta lo atesoran con celo. Eso sí, es poco publicitado y para rastrearlo hay que ser tenaz, pues no se halla entre los atractivos turísticos que Japón promociona. Sin embargo, los aficionados a la astronomía peregrinan a Nogata como un católico lo hace a Jerusalén o un musulmán a La Meca.

    La piedra de Nogata es de color predominantemente negro. Según la descripción oficial de la Asociación Internacional de Meteoritos y Ciencias Planetarias (que se basa, a su vez, en el análisis del científico local Masako Shima del Museo Nacional de Ciencias de Tokio) es una condrita de hipérsena ovina, olivina y ortopiroxeno.

    A quien acuda al templo de Suga Jinja sin saber antes nada del fragmento espacial le puede pasar inadvertido. La roca se halla en una urna transparente. La piedra negra, del tamaño de un puño, reposa sobre un cojín blanco y tras él hay una inscripción en japonés, pero ningún rótulo en otra lengua que haga saber de qué se trata. Los sintoístas consideran que todo posee un espíritu, ya sea persona, animal, planta o piedra. De ahí que se venere esta roca espacial.

    Nogata es un destino popular entre los senderistas de la isla de Kyushu, que se acercan a vencer la cima del monte Fukuchi, una cumbre modesta que apenas alcanza los mil metros sobre el nivel del mar pero que reclama una ardua ascensión de casi seis horas caminando desde la misma ciudad. Al terminar la excursión, los montañeros suelen detenerse en el jardín de flores Sanroku, un atractivo turístico en el que sus gestores han plantado diversas variedades para que vayan floreciendo en todas las estaciones: cerezos y amapolas en primavera; hortensias y lotos en verano; cosmos en otoño; y diversas especies de lirios en cualquier estación. De hecho, la zona donde se asienta el parque se llama Yuribari, que significa campo de lirios.

    Fuente: La Vanguardia